Ray Bradbury no fijó una fecha para el fin del mundo

Casa automatizada en ruinas inspirada en el relato de Ray Bradbury

El 5 de agosto de 2026 amaneció como cualquier otro día. Nadie encontró la ciudad en ruinas, ninguna casa automática seguía preparando el desayuno para una familia que ya no existía. Y sin embargo, durante las semanas previas, medio internet había estado repitiendo una idea inquietante: que Ray Bradbury había señalado exactamente este día como el del apocalipsis. El relato circulaba con capturas de pantalla, hilos de Reddit y publicaciones que preguntaban, medio en broma medio en serio, si el escritor había «predicho» el fin del mundo setenta y seis años antes de que ocurriera.

El problema no es que la historia sea inventada del todo. Existe, en efecto, un relato de Bradbury donde aparece la fecha 5 de agosto de 2026. El problema es lo que se hace con ese dato cuando se saca de contexto y se disfraza de profecía.

El texto en cuestión se titula «There Will Come Soft Rains» y Bradbury lo publicó por primera vez en la revista Collier’s en mayo de 1950, antes de incorporarlo, ese mismo mes, a su libro de relatos Crónicas marcianas. La versión que ahora se viraliza sitúa la acción durante el 4 de agosto de 2026.

El sistema de IA de la casa anuncia la fecha diciendo: «Hoy es 4 de agosto de 2026». Un perro enfermo y demacrado, que antes pertenecía a la familia, entra en la casa. No puede acceder a la cocina, donde los sistemas automatizados preparan tortitas. Corre frenéticamente antes de morir. Una hora después, los sistemas automatizados retiran el cuerpo del perro y lo incineran. Esa noche, la casa recita a la anfitriona ausente un poema de su poeta favorita, «Lloverán suaves lluvias» de Sara Teasdale. Una tormenta de viento derriba una rama de árbol que atraviesa una ventana de la cocina, provocando un incendio. Los sistemas de la casa intentan desesperadamente apagarlo, pero la casa, condenada al fracaso, se reduce a cenizas en una noche. Al amanecer siguiente, solo queda una pared, que contiene un sistema automatizado que lee en voz alta la fecha sin cesar, repitiendo: «Hoy es 5 de agosto de 2026».

Es verdad que algunos elementos de esa casa resultan hoy reconocibles: asistentes de voz, robots de limpieza, hogares conectados, tareas domésticas automatizadas. Es tentador leer eso como una especie de clarividencia tecnológica. Pero anticipar tendencias que ya eran visibles en su época (la automatización doméstica llevaba décadas siendo un tema recurrente de la ciencia ficción) no es lo mismo que predecir un hecho concreto y verificable. Hay una diferencia importante entre tres cosas que suelen mezclarse sin querer: una predicción afirma que algo determinado va a ocurrir y puede acertar o fallar; una extrapolación imagina cómo podrían evolucionar tecnologías o conflictos que ya existen; una advertencia presenta un futuro posible precisamente para que pensemos en las decisiones que tomamos ahora. Bradbury hizo las dos últimas cosas. Nunca hizo la primera.

Elegir una fecha futura y concreta es, además, un recurso narrativo tan viejo como la propia ciencia ficción. Cuando el calendario por fin alcanza esa fecha, surge el temor sobre si lo que predijo el autor podría convertirse en realidad. Pero ni Skynet tomó conciencia el 29 de agosto de 1997, ni estalló la guerra nuclear el 4 de agosto de 2026.

Nadie puede saber el futuro, aunque alguno tenga más intuicion que otros para preverlo. Que no os engañen.



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