Prepararse para 3,3 grados no es rendirse

Europa acaba de poner sobre la mesa una idea que suena a derrota, pero que en realidad pertenece al cajón de la prudencia: no basta con prometer que el calentamiento global se quedará en los niveles deseables, también hay que preparar carreteras, hospitales, cultivos, redes eléctricas y sistemas de agua para un escenario bastante peor. El número que ha llamado la atención es 3,3 grados de calentamiento global hacia finales de siglo. Dicho así parece una profecía climática, pero no lo es. Es una referencia de planificación, una forma de preguntar: ¿qué pasa si las cosas salen peor de lo que queremos, pero no peor de lo que todavía es plausible?
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