El misterio del huevo dorado del Pacífico, dos años y medio después

Hace ya dos años y medio, en septiembre de 2023, dediqué una entrada de este blog a un objeto que tenía a media comunidad oceanográfica intrigada y a la otra media especulando alegremente. Era una esfera dorada del tamaño aproximado de una pelota de tenis, con un agujero en uno de sus lados, posada sobre una roca volcánica a más de tres kilómetros de profundidad en el Golfo de Alaska. La habían filmado los pilotos del ROV Deep Discoverer, el vehículo submarino del buque Okeanos Explorer de la NOAA, y nadie sabía qué demonios era. ¿Un huevo? ¿Un capullo? ¿Una esponja muerta? ¿Los restos de algo que había salido del cascarón y se había marchado tan pancho? En aquel momento yo cerraba la entrada con la observación banal pero cierta de que los océanos siguen guardando muchísimos secretos, y de que probablemente en algún laboratorio terminarían diciéndonos qué era aquello. Pues bien: ya nos lo han dicho.

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Mythos: cuando la puerta de atrás se abrió sola

Hace apenas una semana contábamos aquí la historia de Mythos y su sandbox demasiado pequeña: una inteligencia artificial con capacidades ofensivas tan brutales que Anthropic, su creadora, decidió no liberarla al público y encerrarla en un programa cerrado llamado Project Glasswing, al que solo pueden acceder socios de infraestructura crítica. Aquella historia terminaba con una moraleja incómoda: tarde o temprano, la ventaja defensiva que nos da esa contención se evaporará. Bien, pues parece que el «tarde o temprano» ha llegado bastante antes de lo previsto. Y ha llegado por donde casi nadie miraba.

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Los científicos que nadie está matando

Once nombres, varios laboratorios de alto secreto, muertes repentinas, desapariciones sin rastro y un gobierno que por fin se digna a investigar. La historia que lleva semanas corriendo por las redes tiene el aire de un guion mal escrito de Expediente X, y justo por eso se ha vuelto tan contagiosa. Cuando uno baja del titular al expediente, la trama se deshilacha.

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El científico soviético que metió la cabeza en un sincrotrón y vivió para contarlo

El hombre más irradiado de la historia no estuvo en Chernóbil, ni en Hiroshima, ni en Fukushima. Fue un físico soviético que una mañana de julio de 1978 metió la cabeza directamente en un haz de protones que viajaba a casi la velocidad de la luz. El haz entró por la nuca y salió por la nariz. Él vio un destello «más brillante que mil soles», no sintió dolor, y los especialistas que lo recibieron en Moscú le dieron días, como mucho un par de semanas. No murió. Volvió al trabajo, terminó su tesis doctoral y todavía concede entrevistas.

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Ozempic: la jeringa que sacudió la conversación sobre el peso

Un fármaco diseñado para controlar la glucosa en diabéticos se convirtió en el tema del año. Esto es lo que sabemos realmente sobre cómo funciona, qué consigue y qué pasa cuando se deja.

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