El científico soviético que metió la cabeza en un sincrotrón y vivió para contarlo
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El hombre más irradiado de la historia no estuvo en Chernóbil, ni en Hiroshima, ni en Fukushima. Fue un físico soviético que una mañana de julio de 1978 metió la cabeza directamente en un haz de protones que viajaba a casi la velocidad de la luz. El haz entró por la nuca y salió por la nariz. Él vio un destello «más brillante que mil soles», no sintió dolor, y los especialistas que lo recibieron en Moscú le dieron días, como mucho un par de semanas. No murió. Volvió al trabajo, terminó su tesis doctoral y todavía concede entrevistas.
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