La pseudociencia no odia a la ciencia, se disfraza de ella

Una tabla bien alineada, tres decimales y el nombre de una universidad en la cabecera pueden hacer que cualquier afirmación parezca investigación seria, aunque no la respalde ni un solo dato verificable. No hace falta negar la ciencia para engañar con su nombre: basta con imitar su vestuario. Un estudio publicado el 20 de agosto en HKS Misinformation Review, la revista del Shorenstein Center de la Harvard Kennedy School, se ha puesto a medir precisamente eso: cuánto sube la credibilidad de un bulo sanitario cuando se le pone bata blanca, y qué pasa cuando además su autor se presenta como una víctima censurada por las farmacéuticas y los medios.
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