El «humanoide» del Pentágono y el fantasma de Sequoia

Hay un patrón que se repite cada vez que el Departamento de Defensa estadounidense desclasifica material UAP: en cuestión de horas, alguien lo recorta, lo emparcha con otro vídeo borroso de hace años y lo lanza a las redes con la misma promesa magnética: un patrón que el gobierno no quiere que veas. Esta semana le tocó al código DOW-UAP-PR059, un archivo del Pentágono que, según un tuit viralizado, mostraría una «figura humanoide idéntica» a la que se filmó en 2015 sobre el Parque Nacional Sequoia. La historia tiene gancho. También tiene varios agujeros.
El vídeo del Pentágono existe y es real. Forma parte de una tanda de 51 registros que ocho miembros de la Cámara de Representantes solicitaron en marzo de 2026, y que la All-domain Anomaly Resolution Office (AARO) identificó en una red clasificada. La propia ficha técnica del material, publicada en el portal oficial DVIDS, deja claras dos cosas que el tuit no menciona. Primera: el vídeo procede «probablemente» de un sensor infrarrojo a bordo de una plataforma militar estadounidense que operaba en 2020 dentro del área de responsabilidad del Mando Central (CENTCOM). Segunda: el material «carece de cadena de custodia comprobada» y fue subido a la red clasificada por un usuario en junio de 2024.
Ninguno de esos dos detalles es trivial. El CENTCOM no opera sobre Estados Unidos: su jurisdicción cubre Oriente Medio y Asia Central, de Egipto a Kazajistán. Es decir, lo que el tuit presenta como «nuevas imágenes OVNI sobre EE. UU.» se grabó, casi con seguridad, a miles de kilómetros de allí. Y la falta de cadena de custodia significa, en lenguaje llano, que ni la propia AARO se atreve a certificar de dónde salió ni quién lo grabó.
Esto es inquietante. NUEVAS imágenes OVNI de archivos oficiales UAP muestran una figura humanoide extrañamente similar al avistamiento de Sequoia de 2015. Misma silueta brillante. Mismo movimiento erguido. Misma forma extraña. ¿Qué podría ser? pic.twitter.com/MOppChJqa0
— Isaac (@isaacrrr7) May 23, 2026
La otra mitad del montaje tiene un problema aún más básico: el geográfico. El vídeo de 2015 no se grabó en el Parque Nacional Sequoia, ese paisaje californiano de secuoyas gigantes y picos de cuatro mil metros. Se grabó en Sequoia Park, un parque urbano de Monterey Park, en la periferia de Los Ángeles. La distinción importa porque cambia por completo el contexto. El metraje original lo capturó el colectivo LA UFO Channel durante un evento bautizado, literalmente, como UFO Summoning Event: una quedada de aficionados convocados para escudriñar el cielo con la expectativa explícita de ver algo. No es la fortuita grabación de un excursionista, sino una sesión de cazadores de OVNIs apuntando teleobjetivos al firmamento durante horas.
Desde 2015, varios analistas independientes —entre ellos The Black Vault, uno de los archivos civiles más serios sobre documentación desclasificada— concluyeron que el objeto era, con toda probabilidad, un globo de helio inflable con forma humanoide. En concreto, uno de los populares globos de Star Wars con la silueta del soldado imperial Stormtrooper, fáciles de identificar por su contorno antropomórfico cuando se les ve a contraluz y a gran distancia. El mismo tipo de globo, de hecho, explicaría avistamientos posteriores de «OVNIs humanoides» en Mexicali (2018) y en India (2020, donde resultó ser un globo de Iron Man que terminó cayendo del cielo). En 2023, las autoridades incluso aclararon que los supuestos OVNIs reportados sobre el verdadero Parque Nacional Sequoia eran globos meteorológicos.
Aquí está el truco psicológico del montaje. La imagen del tuit yuxtapone dos fotogramas de baja resolución —uno en color, otro en infrarrojo militar— y los presenta como prueba de que algo se repite. Pero «mancha brillante alargada con apéndices difusos» es, en realidad, la forma por defecto a la que cualquier objeto pequeño y distante converge cuando se graba con sensores saturados. Un paracaidista lejano se ve así. Un dron pequeño en infrarrojo se ve así. Un globo a gran altura, ondulando con el viento, también. La óptica de los sensores térmicos militares, en particular, tiende a hinchar térmicamente cualquier fuente de calor en un blob blanco cuya silueta depende más de cómo interpola el sensor que de la forma real del objeto.
A eso se suma la pareidolia, ese atajo evolutivo que tiene nuestro cerebro para detectar formas humanas incluso donde no las hay. Mostrarle a alguien dos manchas verticales con apéndices y preguntarle si son «humanoides» garantiza el mismo resultado que mostrarle un test de Rorschach: vamos a ver lo que nuestro cerebro está cableado para ver.
Que el Pentágono haya desclasificado un vídeo no lo convierte en evidencia de algo no humano. La propia AARO ha sido cuidadosa al etiquetar este tipo de materiales como «no resueltos», una categoría que, traducida del lenguaje burocrático, significa simplemente no tenemos datos suficientes para identificarlo. No significa es extraterrestre. No significa es un humanoide. Significa que el sensor captó algo, que el algo no se ha podido contrastar con las bases de datos de tráfico aéreo, satelital o atmosférico habituales, y que el archivo se queda en el cajón de los pendientes.
El viral de esta semana es un ejemplo de manual de cómo se fabrica certeza a partir de ambigüedad: se toma un código oficial impactante (DOW-UAP-PR059 suena a expediente X), se empareja con un vídeo descontextualizado de hace una década, se subraya un parecido visual genérico, y se omiten los detalles que disolverían la historia. El resultado se comparte cientos de miles de veces. El desmentido, si llega, no lo lee casi nadie.
El cielo está lleno de cosas raras. Casi todas tienen una explicación prosaica. Que el Pentágono empiece por fin a abrir su archivo no es excusa para que nosotros cerremos el ojo crítico.