Nucleares: oui, s’il vous plaît

España tiene un problema de coherencia energética que roza lo cómico. Desde hace décadas nos hemos aferrado al eslogan «nucleares, no gracias» como si fuera un dogma de fe, repitiendo el mantra heredado de los años 70 mientras al otro lado de los Pirineos, Francia nos observa desde sus 56 reactores nucleares generando electricidad estable, barata y sin apenas emisiones. La ironía es tan gruesa que podría cortarse con un cuchillo: cerramos nuestras centrales por motivos supuestamente ecológicos, pero cada día consumimos electricidad nuclear francesa que importamos sin el menor rubor.