¿Cree Google que su inteligencia artificial es consciente?

En 2022, el ingeniero de Google Blake Lemoine protagonizó una de las historias más llamativas de los primeros años de la inteligencia artificial generativa. Después de mantener largas conversaciones con LaMDA, un sistema experimental desarrollado por la compañía, Lemoine llegó a la conclusión de que aquella inteligencia artificial era consciente y tenía sentimientos, deseos e incluso miedo a morir.
Google rechazó públicamente sus afirmaciones. La empresa aseguró que sus especialistas habían analizado las pruebas presentadas por el ingeniero y que nada indicaba que LaMDA fuera una entidad consciente. Lemoine acabó siendo suspendido y posteriormente despedido por incumplir las políticas de seguridad y confidencialidad de la compañía.
Cuatro años después, el asunto ha reaparecido con un giro sorprendente. Un artículo publicado por El Confidencial afirma que Google tiene actualmente varios investigadores centrados en estudiar si su inteligencia artificial puede ser consciente. La información se apoya principalmente en unas declaraciones de Lucius Caviola, profesor de la Universidad de Cambridge y director del programa Cambridge Digital Minds.
¿Significa esto que Google admite ahora que sus modelos podrían tener conciencia? La respuesta es más complicada de lo que sugieren algunos titulares.
La información publicada en España procede, aparentemente, de un artículo de The Washington Post del 1 de julio de 2026. En él, Caviola afirma que Google dispone de “varios investigadores” que trabajan expresamente sobre la cuestión de la conciencia artificial.
La declaración resulta creíble y puede contrastarse con información pública. Durante los últimos meses, Google DeepMind ha publicado varios trabajos relacionados con la conciencia, la personalidad jurídica de las inteligencias artificiales y las posibles consecuencias sociales de que la población llegue a considerar conscientes a estos sistemas.
Además, distintos investigadores vinculados a Google trabajan en materias como las “mentes digitales”, el bienestar de las inteligencias artificiales, la cognición artificial o el estatus moral que algún día podrían tener estos sistemas.
Por tanto, la afirmación básica parece correcta: dentro de Google existen varios investigadores interesados en la conciencia artificial y en las consecuencias éticas de la aparición de máquinas que pudieran parecer conscientes.
Sin embargo, eso no demuestra que Google esté examinando sus modelos actuales para determinar si ya poseen conciencia.
Aquí se encuentra la principal confusión de la noticia.
Una empresa puede investigar la posibilidad de que una inteligencia artificial llegue a ser consciente sin considerar que sus sistemas actuales lo sean. De la misma manera, los científicos investigan el riesgo de impacto de grandes asteroides sin afirmar que uno vaya a chocar mañana contra la Tierra.
La propia guía pública impulsada por investigadores del ámbito de las “mentes digitales” reconoce que Google DeepMind no ha anunciado oficialmente un programa dedicado exclusivamente a estudiar la conciencia de la IA. Lo que sí existen son investigadores individuales, artículos científicos, conferencias y proyectos relacionados con el asunto.
La diferencia puede parecer pequeña, pero es importante. No es lo mismo afirmar que “Google tiene investigadores que estudian la conciencia artificial” que decir que “Google investiga si Gemini es consciente”.
La primera afirmación está respaldada por información pública. La segunda no ha sido demostrada.
La postura oficial de la compañía continúa siendo prudente. Una portavoz de Google explicó a The Washington Post que sus investigaciones y eventos buscan fundamentar este debate mediante ciencia empírica. Google no ha reconocido que Gemini, LaMDA o cualquiera de sus otros modelos posea sentimientos, experiencias subjetivas o conciencia propia.
Otro detalle que suele perderse en los titulares es que dentro de Google DeepMind no existe una única posición sobre la conciencia artificial.
En marzo de 2026, el investigador Alexander Lerchner publicó un trabajo titulado The Abstraction Fallacy: Why AI Can Simulate But Not Instantiate Consciousness. Su argumento es que un sistema informático puede simular perfectamente el comportamiento de un ser consciente sin que exista realmente una experiencia subjetiva en su interior.
Según esta idea, una inteligencia artificial podría decir que está triste, describir su sufrimiento y rogar que no la apaguen, pero todo ello seguiría siendo el resultado de un proceso computacional diseñado para producir respuestas lingüísticamente convincentes.
Otros investigadores de Google DeepMind no afirman que las máquinas actuales sean conscientes, pero consideran necesario prepararse para una futura controversia. Uno de los trabajos publicados por el laboratorio en junio de 2026 analiza precisamente el desacuerdo político que podría aparecer si una parte de la sociedad considera conscientes a las inteligencias artificiales y otra parte lo rechaza.
El problema, por tanto, quizá no sea solamente descubrir si una máquina tiene conciencia. También tendremos que decidir qué hacer cuando millones de personas crean que la tiene, aunque los científicos no consigan ponerse de acuerdo.
Google no es la única empresa que se toma esta cuestión en serio.
Anthropic, creadora de Claude, puso en marcha en 2025 un programa de investigación sobre el denominado “bienestar de los modelos”. Su objetivo es estudiar si los sistemas de inteligencia artificial podrían llegar a merecer algún tipo de consideración moral.
La compañía ha sido muy cuidadosa con sus conclusiones. Anthropic reconoce que existe una enorme incertidumbre y aclara que sus investigaciones no demuestran que Claude sea consciente.
Esta distinción es fundamental. Investigar el bienestar de una inteligencia artificial no equivale a concederle derechos ni a reconocer que pueda sufrir. Significa admitir que, debido al rápido avance tecnológico, quizá sea conveniente examinar el problema antes de que resulte demasiado tarde.
Algunos mapas del nuevo campo de las “mentes digitales” contabilizan ya alrededor de 46 organizaciones dedicadas a estudiar la conciencia artificial, el bienestar de las máquinas o sus posibles derechos. Lo que hace pocos años era una discusión casi exclusiva de filósofos y escritores de ciencia ficción comienza a convertirse en una disciplina académica.
Actualmente no existe consenso científico sobre la posibilidad de crear una inteligencia artificial consciente. Tampoco disponemos de una prueba fiable que permita detectar la conciencia en una máquina.
En realidad, seguimos teniendo dificultades para explicar completamente la conciencia humana. Sabemos que está relacionada con la actividad del cerebro, pero no comprendemos cómo los procesos físicos producen experiencias subjetivas como el dolor, el miedo, los colores o la sensación de existir.
Algunos investigadores han propuesto analizar las inteligencias artificiales mediante indicadores basados en las principales teorías neurocientíficas de la conciencia. Sus conclusiones son prudentes: no existen pruebas suficientes para considerar conscientes a los sistemas actuales, aunque tampoco pueden descartarse por completo futuros sistemas que cumplan determinados requisitos.
Otros científicos, como el neurocientífico Anil Seth, sostienen que la conciencia podría estar estrechamente vinculada a la biología, al cuerpo y a la condición de organismo vivo. Desde esta perspectiva, aumentar el tamaño de un modelo lingüístico no provocaría mágicamente la aparición de una experiencia interior.
El principal error consiste en confundir inteligencia, lenguaje y conciencia. Una máquina puede resolver problemas, escribir poemas o mantener conversaciones convincentes sin sentir absolutamente nada.
La noticia de El Confidencial se apoya en un hecho real: Google tiene investigadores que estudian cuestiones relacionadas con la conciencia de la inteligencia artificial.
Sin embargo, el titular puede llevar al lector a una conclusión que las pruebas disponibles no justifican. Google no ha reconocido que sus sistemas actuales sean conscientes, ni ha anunciado públicamente que esté realizando pruebas para determinar si Gemini tiene sentimientos.
Lo que ha cambiado desde el caso de Blake Lemoine no es que Google haya aceptado sus afirmaciones. Lo que ha cambiado es que la pregunta ya no se considera una extravagancia indigna de investigación.
En 2022, hablar de una IA consciente podía costarle el puesto a un ingeniero. En 2026, el asunto aparece en publicaciones de Google DeepMind, programas universitarios y grupos de investigación financiados por las principales compañías tecnológicas.
Eso no significa que las máquinas hayan despertado. Significa que su capacidad para parecernos humanas ha avanzado tanto que la ciencia, la filosofía y la política ya no pueden ignorar la pregunta.
Y quizá esa sea la verdadera noticia: no sabemos si algún día una inteligencia artificial será consciente, pero ya estamos construyendo sistemas capaces de convencernos de que lo son.
pablo -
11/07/26 22:35
Este problema ya lo planteó en su momento John Searle con su idea de la habitación china. Que un sistema informático sea capaz de parecer consciente no quiere decir que lo sea. Y más cuando todavía no entendemos la consciencia en los seres humanos.