¿Hereda el corazón los recuerdos del donante?

La historia de Claire Sylvia es de esas que se propagan en blogs, redes sociales y documentales con la persistencia de un mito urbano. En los años noventa, tras recibir un trasplante de corazón y pulmón, esta mujer despertó con antojos extraños: cerveza fría y nuggets de pollo, cosas que antes le repugnaban. Además soñaba con un joven llamado «T.L.» Cuando investigó, descubrió que su donante era un muchacho de dieciocho años con esas iniciales que, efectivamente, adoraba la cerveza y el pollo frito. Desde entonces, la idea de una «memoria celular» capaz de transferir gustos y personalidad a través de un órgano trasplantado se ha convertido en uno de esos misterios pseudo-científicos más cautivadores.