Cuando la prensa decidió que «estar solos» y «los aliens nos vigilan» eran lo mismo

Hace unos días saltó a los titulares una historia que parecía sacada de un episodio de Expediente X: un profesor de Stanford aseguraba que hay alienígenas viviendo entre nosotros, escondidos en lo que llamaban la «Zona de Solitud». Los medios se lanzaron sobre la noticia como tiburones a un banco de atún, y en cuestión de horas teníamos artículos proclamando que la ciencia por fin admitía lo que los conspiranoicos llevaban diciendo años. El problema es que, como suele pasar, aquí se ha mezclado churras con merinas de una forma que habría hecho llorar a cualquier profesor de periodismo científico.

Resulta que hay dos conceptos completamente distintos que comparten nombre, y los medios los han fundido en una especie de batido conceptual indigesto. Por un lado tenemos la Zona de Solitud de Antal Veres, un astrofísico que publicó el pasado septiembre un paper serio en Acta Astronautica proponiendo un modelo matemático para explicar por qué no vemos alienígenas por ningún lado. Por otro, tenemos las declaraciones del Dr. Garry Nolan, un patólogo de Stanford que sugiere que hay inteligencia no humana escondida en la Tierra usando tecnología avanzada para espiarnos. Son dos ideas que no tienen nada que ver, pero como ambas mencionan «solitud», la prensa decidió que eran lo mismo y aquí estamos.

Empecemos por Veres, que es el científico de verdad de esta historia. Su trabajo intenta responder a la Paradoja de Fermi, esa pregunta incómoda que nos hacemos desde 1950: si hay miles de millones de planetas ahí fuera, ¿dónde diablos está todo el mundo? Veres propone que estamos en una «ventana de solitud», un momento estadístico peculiar en el que probablemente somos la única civilización tecnológica detectable. No porque seamos especiales o únicos, sino porque el calendario cósmico simplemente no nos ha hecho coincidir con nadie. Según sus cálculos, tres cuartas partes de los planetas parecidos a la Tierra son casi dos mil millones de años más viejos que el nuestro. Eso significa que cualquier civilización que surgió allí o está muerta hace eones o es tan avanzada que ya no se molesta en enviarnos saludos. Es como llegar a una fiesta cuando ya todo el mundo se ha ido o cuando los únicos que quedan están tan  borrachos que no les entiendes una palabra.

La clave del modelo de Veres es que la solitud es temporal, no espacial. No está hablando de un lugar físico donde nos escondemos, sino de un momento en la historia cósmica en el que nos encontramos solos porque llegamos tarde a la función. O muy temprano. Depende de cómo lo mires. Lo importante es que este es un modelo probabilístico riguroso, con matemáticas y todo, publicado en una revista seria, que intenta explicar por qué el universo parece un enorme salón vacío cuando, estadísticamente, debería estar hasta los topes.

Ahora entremos en el otro lado de esta historia, el del Dr. Garry Nolan. Nolan es un tipo inteligente, con credenciales impresionantes en patología y genética, pero sus afirmaciones sobre alienígenas no vienen de ningún paper revisado por pares. Lo que dice es que hay inteligencia no humana en la Tierra, escondida en lugares inaccesibles como el océano profundo o bajo tierra, monitoreándonos discretamente con tecnología que incluye IA y drones. Esta idea se conoce como la Hipótesis Criptoterrestre, y básicamente sugiere que los ovnis no vienen de fuera, sino de aquí mismo, de civilizaciones que evolucionaron antes que nosotros o que llegaron hace tanto tiempo que ya son vecinos de toda la vida.

La cosa se pone interesante cuando esta hipótesis llegó hasta Harvard, donde un grupo de investigadores decidió tomársela lo suficientemente en serio como para publicar un análisis sobre ella. El estudio, que lleva el título grandilocuente de «The Cryptoterrestrial Hypothesis: A Case for Scientific Openness to a Concealed Earthly Explanation for Unidentified Anomalous Phenomena«, establece cuatro categorías principales de posibles criptoterrestres. Están los descendientes de civilizaciones humanas antiguas y avanzadas que sobrevivieron a algún cataclismo, las especies inteligentes no humanas que evolucionaron en paralelo a nosotros (desde simios avanzados hasta dinosaurios inteligentes, porque por qué no), los visitantes extraterrestres que decidieron quedarse y adoptaron el perfil bajo, y las entidades interdimensionales o de otros planos de existencia. Es básicamente un catálogo completo de todas las posibilidades que has visto en películas de ciencia ficción.

Pero aquí viene lo importante: el estudio de Harvard no está diciendo que esto sea cierto, ni siquiera probable. Lo hace precisamente bajo el marco de «no debería descartarse completamente», que es una forma educada de decir «es extremadamente improbable pero técnicamente no podemos probar que sea imposible». Es el equivalente académico a decir «mira, es una locura, pero ya que estamos investigando fenómenos aéreos no identificados, pongamos todas las opciones sobre la mesa, incluso las más rebuscadas». La diferencia entre considerar una hipótesis y validarla científicamente es enorme, pero esa distinción se pierde cuando los titulares gritan «¡Harvard dice que hay aliens escondidos entre nosotros!» Pero por si no fuera suficiente, el propio documento incluye un aviso aclarando que el autor, Matthew Lomas, trabaja en Harvard pero no habla en nombre del programa ni de la institución.

En definitiva, los medios metieron la pata hasta el fondo tomando el término «Zona de Solitud» del trabajo de Veres y aplicándolo a las declaraciones de Nolan, creando la impresión de que un modelo astrofísico serio respaldaba la idea de aliens escondidos en cuevas. Es como si alguien hablara de la «teoría de cuerdas» en física y otro dijera que tiene cuerdas en su garaje para atar alienígenas, y los medios titularan «La ciencia confirma que los aliens están atados en garajes». El truco funciona porque usar terminología científica legitima cualquier cosa, por absurda que sea.

La realidad es que Veres está explicando por qué NO encontramos a nadie ahí fuera, mientras que Nolan está diciendo que ya están aquí. Son ideas opuestas, no complementarias. Una es un modelo estadístico sobre el cosmos, la otra es una hipótesis especulativa sobre fenómenos no identificados. Mezclarlas no solo confunde al público, sino que hace un flaco favor tanto a la astrofísica seria como a la investigación legítima sobre fenómenos aéreos anómalos.

  • Sí, aquí gracias a la R.A.E. también tenemos algo similar: «enervar».
    El ejercicio físico en exceso me enerva. Expresando extenuación.
    Tomar cuatro cafés bien cargados me enerva. Expresando alteración.

    ¿Para qué iban a querer venir seres extraterrestres? ¿Para quitarnos los diseños de las baterías de nanodiamantes que se están desarrollando?

    2
    0


\Incluya

Puedes seguir las respuestas a esta entrada por RSS 2.0 feed.