El podólogo que sacaba aliens del pie


Me gusta mirar historias de las que aparecen en Quora. La mayoría son falsas, pero a veces me gusta que me mientan. El otro día vi en ese sitio un relato que empezaba con un paciente con una molestia extraña en el pie, una radiografía con un objeto metálico sin explicación, y terminaba, como no podía ser de otra manera, con un programa de seguimiento alienígena. La historia tiene todos los ingredientes de un éxito viral: bata blanca, terminología sofisticada y la insinuación de que la ciencia oficial mira para otro lado.

El protagonista es Roger K. Leir, podólogo de Thousand Oaks, California, y presidente local de MUFON —la organización de avistamientos ovni más conocida del mundo anglosajón—. A mediados de los 90, Leir empezó a extirpar pequeños objetos metálicos de personas que aseguraban haber sufrido abducciones. Las primeras cirugías documentadas por el propio MUFON datan del 19 de agosto de 1995, con pacientes identificados con seudónimos. El relato afirma que los objetos aparecían envueltos en una membrana gris resistente, sin inflamación, con fluorescencia verde bajo luz ultravioleta, y que contenían propioceptores «del tipo equivocado» para esa zona anatómica. La apuesta sube cuando se habla de microscopía electrónica, difracción de rayos X, rangos isotópicos, nanotubos de carbono y —aquí llega lo bueno— emisiones electromagnéticas a 8 Hz, 14 MHz y 19 GHz detectadas con un gaussímetro justo encima de la zona del implante.

El problema con eso último es que un gaussímetro mide densidad de flujo magnético usando el efecto Hall. No detecta ondas de radio a megahercios ni a gigahercios; para eso hacen falta instrumentos completamente distintos, como un analizador de espectro. Mezclar ambas cosas en la misma oración técnica suena impresionante, pero es como decir que mediste la temperatura del café con un sismógrafo. El dato que más circuló, sin embargo, fue otro: que un laboratorio de New Mexico Tech había concluido que los objetos eran «de origen meteórico», lo que en la cadena de amplificación ufológica se tradujo directamente a «no es de la Tierra, luego es alien».

En julio de 1998, el Los Angeles Times recogió esa historia, pero también algo que los sitios ufológicos no suelen incluir en sus copias: la respuesta de Paul Fuierer, el propio autor del análisis metalúrgico de New Mexico Tech. Fuierer aclaró que la palabra «meteórico» había sido sacada de contexto y que los elementos que encontró —aluminio, hierro— eran perfectamente comunes. Añadió que él, desde luego, no estaba afirmando que aquello fuera un implante alienígena. Con esa sola aclaración se desmorona el argumento de autoridad sobre el que descansa toda la historia.

El resto de las afirmaciones sigue el mismo patrón. La ausencia de inflamación, presentada como prueba de origen no humano, está descrita en la literatura clínica ordinaria: los cuerpos extraños metálicos o de vidrio pueden quedar encapsulados por tejido fibroso o granulomatoso y permanecer asintomáticos durante décadas. En 2025 se publicó en PubMed un caso de una aguja retenida en la planta del pie durante más de 35 años, descubierta casi por accidente. La ausencia de cicatriz tampoco dice gran cosa: pequeñas heridas en pies o manos cicatrizan rápido y dejan poco rastro, especialmente si el objeto entró mientras el paciente caminaba descalzo, trabajaba o simplemente no prestaba atención. Lo que en el relato de Quora se vende como evidencia extraordinaria es, en medicina, un hallazgo cotidiano con explicaciones completamente pedestres.

La estructura narrativa del texto responde a un manual clásico de desinformación. Primero, un gancho clínico que activa credibilidad por proximidad a la medicina. Después, una lista de pruebas de laboratorio con nombres de instituciones prestigiosas que funcionan como argumento de autoridad, sin adjuntar ni un solo resultado completo, protocolo o cadena de custodia auditables. Luego, los detalles de alta extrañeza —objetos que «se mueven» bajo la piel, que «se reensamblan» al romperse— que hacen la historia inmune a refutación porque no hay manera de verificarlos. Y al final, el cierre conspirativo habitual: la ciencia oficial lo ignora o lo ridiculiza.

El artículo que circula en Quora es casi con toda seguridad una traducción o adaptación de una pieza publicada en UFO Insight el 21 de marzo de 2017, que a su vez reciclaba los textos de MUFON de finales de los 90. Leir murió en marzo de 2014 sin haber publicado jamás ninguno de sus «hallazgos» en una revista médica revisada por pares, sin cadena de custodia transparente y sin que ningún equipo independiente hubiera podido reproducir sus resultados. El relato lleva rodando casi treinta años porque cada nueva plataforma le da una capa de barniz fresco, pero el núcleo sigue siendo el mismo: un podólogo que decía sacar sondas alienígenas del pie, un laboratorio que nunca validó esa conclusión, y una historia que viaja mucho más rápido que sus desmentidos.

Lo que queda cuando se retira la retórica es esto: existió un médico que realizó extracciones, existen objetos extraños en tejidos blandos humanos que la medicina explica sin dificultad, y existe un informe de laboratorio al que se le atribuyeron conclusiones que su propio autor desmintió en prensa. Todo lo demás —la membrana alienígena, los nanotubos, las emisiones de radio cósmicas captadas con el aparato equivocado— no tiene una sola publicación revisada que lo respalde. No es que la ciencia lo ignore. Es que no hay nada que revisar.



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