Hace 150 años llovió carne del cielo

La tarde del 3 de marzo de 1876 comenzó con una quietud casi irreal en los campos de Olympia, Kentucky. La señora Allen Crouch se encontraba en el porche de su granja, absorta en la tarea cotidiana de fabricar jabón. El cielo sobre el condado de Bath era de un azul cristalino, una cúpula inmaculada sin el menor rastro de nubes. De pronto, el silencio de la campiña fue roto por un sonido sordo y húmedo. Lo que comenzó como un leve goteo se transformó en cuestión de segundos en una descarga frenética: trozos de carne roja, algunos del tamaño de grandes copos de nieve y otros de varios centímetros de largo, llovían desde el vacío absoluto. Los jirones de materia orgánica golpeaban el suelo y las barandillas de madera con un eco macabro, cubriendo en poco tiempo un área de noventa metros de largo por cuarenta y cinco de ancho.



