El cáncer ¿es contagioso?

Si sueles navegar por foros como Quora o hilos virales de redes sociales, es probable que te hayas topado con una historia que parece sacada de un guion de terror médico: un cirujano opera a un paciente con cáncer, se corta accidentalmente durante la intervención y, meses después, desarrolla exactamente el mismo tumor en su mano.

Suena a leyenda urbana o a creepypasta, ¿verdad? Pues prepárate, porque la historia es completamente real y está documentada en una de las revistas médicas más prestigiosas del mundo. Sin embargo, antes de que entres en pánico y pienses que el cáncer es contagioso como la gripe, acompáñame a analizar qué pasó exactamente, qué nos dice la ciencia y por qué este caso es una rareza de «uno en un millón».

Para entender el origen de esta historia debemos viajar al 14 de noviembre de 1996. Ese día, la prestigiosa revista científica The New England Journal of Medicine (NEJM) publicó un breve pero impactante informe de un caso clínico. Un cirujano de 53 años estaba operando de urgencia a un paciente de 32 años. El objetivo era extirparle un tumor agresivo en el abdomen, conocido entonces como histiocitoma fibroso maligno (hoy clasificado por los patólogos como un tipo de sarcoma pleomórfico). Durante la cirugía, al colocar un tubo de drenaje, el cirujano sufrió un pequeño corte en la palma de su mano izquierda. Como dictan los protocolos, la herida fue desinfectada y vendada de inmediato, y la operación continuó. Todo parecía indicar que había sido un simple accidente laboral.

Pero cinco meses después, el cirujano notó algo extraño: un bulto duro de unos 3 centímetros había crecido exactamente en la misma zona de la palma de su mano donde se había cortado. Tras someterse a una cirugía para extirpar el nódulo, la biopsia reveló lo impensable, ya que el tumor era un sarcoma idéntico al que le había quitado a su paciente.

Ante esta situación, cabía preguntarse si se trataba de una casualidad macabra o de un capricho del destino. Los médicos no quisieron quedarse con la duda y aplicaron técnicas de análisis genético avanzado. Compararon el ADN del tumor de la mano del cirujano con el ADN del paciente original utilizando marcadores genéticos similares a los que se usan en las pruebas de paternidad o en criminología. El resultado fue contundente: las células cancerosas en la mano del cirujano pertenecían genéticamente a su paciente. El cirujano no había desarrollado su propio cáncer, sino que el tumor de su paciente había «enraizado» en su cuerpo. Afortunadamente, tras la extirpación del bulto, el médico fue monitoreado de cerca y dos años después seguía completamente sano, sin rastros de la enfermedad.

Sin embargo, a pesar de la veracidad del relato, aquí es donde los titulares virales de internet fallan al contarlo. El encuadre habitual de que el cirujano se «contagió» de cáncer es engañoso y peligroso, porque el cáncer no es contagioso. No se transmite por el aire, ni por tocar a una persona, ni por compartir fluidos o espacios, como sí ocurre con los virus o las bacterias.

Lo que ocurrió en este caso fue un evento médico extremadamente raro que los científicos llaman implantación o trasplante celular accidental. Imagínalo como un injerto de piel involuntario. Para que esto suceda, se tienen que alinear los planetas de la peor manera posible: primero, unas células tumorales vivas deben introducirse físicamente dentro de una herida abierta; en segundo lugar, estas deben sobrevivir al impacto y al entorno inicial; y finalmente, debe darse un fallo fascinante en el sistema inmunitario del receptor.

Normalmente, si células ajenas entran en tu cuerpo, tu sistema inmunológico las detecta como invasores extranjeros y las destruye casi al instante. Es la misma razón por la que los trasplantes de órganos requieren fuertes medicamentos inmunosupresores para evitar el rechazo. En el caso del cirujano, su sistema inmunitario, que estaba perfectamente sano, debería haber fulminado esas células. Sin embargo, el microambiente de la herida, la inflamación y las propias estrategias del tumor para esconderse de las defensas permitieron que las células sobrevivieran y se multiplicaran.

Episodios como este, afortunadamente, se pueden contar con los dedos de una mano en toda la historia de la medicina. Existen casos documentados rarísimos de transmisión de células cancerosas, como por ejemplo a través de un pinchazo accidental en un laboratorio o la transmisión de madre a feto a través de la placenta, pero la probabilidad es microscópica. Incluso en trasplantes de órganos de donantes que no sabían que tenían cáncer, la tasa de transmisión es de apenas 2 casos por cada 10.000. Por eso, la verdadera lección para los profesionales de la salud en el quirófano no es tenerle miedo al cáncer del paciente, sino a los cortes y pinchazos accidentales que pueden transmitir patógenos reales en la sangre, como el VIH o la Hepatitis, motivo por el cual hoy en día se utilizan estrictas medidas de seguridad, como la técnica del doble guante.

En resumen, no temas. Si por desgracia tienes un familiar con cáncer,  puedes, y debes, abrazarle, cuidarle y acompañarle sin absolutamente ningún miedo.



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