Cuando matar ideas se celebra
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La tarde del 10 de septiembre de 2025 en el campus de Utah Valley University quedó congelada en un segundo absurdo: un disparo, cuerpos agachados, y —captado en varios vídeos— un chico que, en lugar de huir, levanta los brazos y vitorea. Desde ese instante, la conversación se desdobló en dos hilos paralelos: el dolor público por el asesinato de Charlie Kirk y una ola de reacciones que iban desde la condena sincera hasta el jolgorio impúdico, pasando por intentos de justificación con moral de quita y pon. El fenómeno no fue marginal: hubo estudiantes expedientados o expulsados por mofarse del crimen, empleados investigados o despedidos por celebrarlo en redes, y campañas de señalamiento para “exponer” a quienes no mostraran el duelo correcto. Y entonces surge la pregunta incómoda: ¿esto es normal en una sociedad sana?
Miren como los de izquierda progres y demócratas celebrando en el mismo momento que mataron a kirk, esta gente está enferma pic.twitter.com/d9W4JWfk65
— Edwardacosta (@Edwarda77427936) September 12, 2025
Primero, el relato fácil: “la izquierda no sabe debatir y recurre a la violencia; por eso celebran cuando callan a un orador de derechas”. Esta versión, tan redonda como una moneda falsa, cuadra con la inercia emocional del momento, pero no con los datos ni con lo que la psicología social lleva décadas estudiando. Polarización afectiva, lo llaman: no solo discrepamos en ideas, sino que moralizamos la identidad política del otro hasta verla como amenaza. En ese clima, la deshumanización y el regodeo ante el daño al adversario —la vieja schadenfreude (el término alemán para el placer por el mal ajeno)— dejan de ser excepciones vergonzantes y se vuelven combustible de la conversación pública. Si a eso le añadimos el megáfono de las plataformas, donde la indignación recibe más “palmaditas digitales” que la templanza, el resultado es previsible: cada incentivo empuja a decir más alto y más fuerte lo que en frío quizá habríamos callado.
¿Quiere decir esto que las celebraciones del asesinato de Kirk son “normales”? No: son un síntoma de patología social. Pero tampoco son un patrimonio de una sola tribu política. La violencia política reciente en Estados Unidos no es unidireccional, y el deseo de silenciar al rival por vías inaceptables aparece —con distinta frecuencia y forma— en ambos extremos. La clave, si uno quiere mirar la realidad y no solo el espejo ideológico, es que la condena debe ser universal o deja de ser condena y pasa a ser táctica.
Volvamos al caso. ¿Qué encendía tanto a los críticos de Kirk como para que algunos siquiera se sintieran tentados de festejar su muerte? Aquí conviene separar las caricaturas de los hechos, porque circulan falsas atribuciones junto a citas reales. En sus propios programas y giras universitarias, Kirk defendió tesis que irritan profundamente a sectores progresistas: negó la categoría de “mujeres” a las mujeres trans y convirtió ese mensaje en un eslogan de tarima; sostuvo que el coste de “algunas muertes por armas” era un precio “prudente” por mantener la Segunda Enmienda (el derecho constitucional en Estados Unidos a poseer y portar armas de fuego); comparó el aborto con el Holocausto y rechazó excepciones incluso en casos de violación infantil; pidió “juicios estilo Núremberg” para médicos que proveen cuidados de afirmación de género; abrazó el marco conspirativo del “gran reemplazo (una teoría conspirativa que afirma sin base que las élites promueven la inmigración masiva para sustituir a la población nativa)”; y emitió comentarios racialmente ofensivos en su programa con formulaciones imposibles de defender fuera del fango de la polarización. Todo esto existe en vídeo o registro público; también existe el ruido: atribuciones erróneas que se han rectificado y que conviene no reciclar.
¿Hace eso comprensible —que no justificable— el gozo ante su asesinato? Psicológicamente, sí: los estudios muestran que la indignación moral se contagia y se premia, que la identidad grupal empuja a ver al otro como algo menos que humano y que la pantalla desinhibe lo que la convivencia filtra. Éticamente, no: la legitimidad de una democracia depende precisamente de blindar el disenso sin balas y de considerar un tabú básico la celebración de la eliminación física del oponente. Cuando alguien aplaude la muerte del adversario político no está ganando una batalla cultural; está confesando que las armas le importan más que las razones.
Nos encontramos en un entorno cada vez más intoxicado por incentivos perversos: se premia el linchamiento digital del discrepante, se industrializa el doxxing (la práctica de difundir información personal de alguien en internet con la intención de acosar o perjudicar) de críticos, se trivializa la amenaza con memes grabados en casquillos, y se reduce el mundo a una pelea de barras bravas donde la victoria es que expulsen al de enfrente de la universidad o que pierda el trabajo por un post idiota. Esa doble deriva —festejar la violencia y castigar selectivamente la blasfemia ideológica— no nos hace más seguros ni más libres; solo nos hace más tribales.
Si el objetivo del terrorismo (y sí, el asesinato político lo es) es imponer silencio por el miedo, la reacción higiénica no es callar ni replicar el odio, sino restituir el tabú que nos protege a todos: nada de violencia política, nada de aplausos a la muerte, nada de indulgencias tácticas porque “esta vez nos favorece”. Lo que necesitamos es bajar el volumen donde más suena el premio a la furia: en la arquitectura de las plataformas, en los incentivos del discurso público y en nuestra propia dieta de atención. Y, sobre todo, recordar lo obvio: una idea se derrota con razones y argumentos sólidos, no con una bala disparada desde una azotea.
No hay nada “normal” en brindar por un asesinato, del mismo modo que no hay democracia sana sin la incomodidad de escuchar a quien detestamos. Cuando confundimos al adversario con el enemigo, la bala que aplaudimos hoy viaja con trayecto de vuelta. Dejar de darle me gusta al odio es un comienzo modesto, pero por algún sitio hay que empezar.
Galbi
17/09/25 16:29
Estando de acuerdo con el planteo ¿cómo lo aplicamos con lo que está sucediendo en Gaza? ¿Fingimos demencia?
K-95
17/09/25 17:09
@ Galbi:
¿Y en Nigeria? ¿Y el Kurdistan? ¿O los Uygures en China? ¿El Tibet? ¿Por qué será que, existiendo tantos conflictos armados por razones étnicas y culturales, solo les preocupa cuando está metido Israel? Eso también es sesgado. Es más, es divertido porque la muerte de Kirk, ha sido alimentado por un video, donde sugería que Israel, sabía de antes los ataques del 7 de octubre de 2023 (Rehenes que o han muerto o los sueltan a cuenta gotas, sin contar los asesinados en la incursion).
No se trata de fingir demencia, sino de no usar conflictos que muchos en este lado del mundo, no entienden del todo, para armar una «causa política».
Ramon
17/09/25 17:10
Discurso pomposo y políticamente correcto, perfecto para la postguerra y post-tragedia obviamente discursado por los vencedores. La verdad que el mundo en que vivimos y que nos brinda las comodidades de hoy día fue construido a punto de balas y no palabras, naturaleza o maldad, llámadle como queráis. Al final la sensatez nos abandona a todos y en nombre de los míos y Dios me amparare para justificar mis atrocidades. Todo en este mundo está justificado, «todo».
Carapapel
17/09/25 18:53
@ Galbi dijo:
Te repregunto, ¿cómo lo aplicamos con lo que sucedió en Israel el 7 de Octubre de 2023?
¿Y con el atentado también en Israel, de hace una semana donde mataron a tiros a 6 personas incluido un español?
¿Cómo justificamos que tras la ocupación israelí de Gaza hasta el año 2005 tras las guerras para exterminar a Israel y la retirada TOTAL del ejército ese mismo año por la petición ciudadana, culminara el año siguiente con la elección del grupo terrorista Hamas como el «partido político» más votado por los gazatíes siendo elegidos como gobernantes?
¿Cómo se puede vivir en el mismo pedazo de tierra con gente que quiere destruirte por simplemente no profesar la misma religión?
¿Cómo es posible que muchos países musulmanes, incluido Marruecos, hayan firmado los tratados de Abraham donde reconocen a Israel como país y que además no levanten la voz con lo que está pasando?
¿Cómo es posible que muchos paises musulmanes no acepten o no quieran aceptar refugiados palestinos?
Lo que Israel está haciendo es una matanza pero, ¿cómo sabes quién quiere exterminarte en una tierra donde es tan fácil radicalizarse como elegir de gobernante a un grupo terrorista?
Hamás nunca quiso la solución de los 2 estados, lo lleva escrito en su carta fundacional, así como su intención de destruir al estado de Israel, pero que más da, Israel es el malo, lo dice la tele.
lamentira
18/09/25 14:12
Ramon dijo:
Los hombres que olvidan su historia están condenados a repetirla. Estamos en el camino.
solferico
18/09/25 14:31
Yo sólo diré una cosa:
La violencia (la de verdad, la física, no la definición progre actual en la que todo es violencia) nunca debe ser la respuesta a las palabras.
Pero sí debe ser la respuesta a la violencia. No se puede dialogar con quien te quiere muerto. Una vez tu vida está en riesgo, no se trata de intentar ser buenos vecinos, se trata de seguir vivo.
Hablando de nazis (de nuevo, los de verdad, no el 60% de occidente según el criterio progre actual), a Europa le fue fenomenal la política de apaciguamiento con Hitler. El buenísimo le costó a Europa unos cuantos millones de muertos que se podrían haber evitado de haber machacado militarmente la Alemania de Hitler cuando empezó a «enseñar la patita». Y por enseñar la patita no me refiero a sus discursos, sino a que había invadido Polonia, Noruega y Dinamarca antes de que nadie en Europa decidiera golpear de vuelta.
lamentira
19/09/25 00:35
Os dejo aquí alguno de los vídeos de Kirk en sesiones de «Demuestra que estoy equivocado» realizados en universidades, del mismo estilo que la última que realizó. Después de verlas entenderéis por qué muchos de los izquierdistas que acudían a esas sesiones (y de los que no acudían también) celebraron el asesinato de esta persona. Es el mismo odio cerval que tenía el tonto de la clase por el listo. ¿Quiere esto decir que los izquierdistas son tontos y los derechistas son listos? En absoluto. Tontos y borregos los hay en todos los sitios. Pero la crispación que hay en esos debates fácilmente se convierte en ira cuando tu capacidad intelectual no es suficiente como para argumentar en contra de tu oponente dialéctico. Entonces, ¿hay que evitar este tipo de debates? No. Pero hay que aceptar que estas equivocado si tú mismo eres incapaz de argumentar a favor de las ideas que tienes preconcebidas. Los vídeos:
https://www.youtube.com/watch?v=ZLhNKvnTZrk
https://www.youtube.com/watch?v=W1BALBzxvFU