De conspiraciones y tormentas: el verdadero impacto del huracán Helene

En septiembre de 2024, el huracán Helene azotó el sureste de Estados Unidos con una furia devastadora, convirtiéndose en uno de los ciclones más mortíferos en tocar tierra desde Katrina y dejando más de 200 muertes confirmadas según datos preliminares. Mientras las comunidades luchaban por recuperarse, las redes sociales se inundaron de afirmaciones descabelladas: el gobierno había creado intencionalmente el huracán, que lo dirigió hacia comunidades republicanas para manipular las elecciones o que todo era parte de un plan para saquear depósitos de litio en Carolina del Norte. Estas narrativas, virales y llamativas, complicaron aún más los esfuerzos de rescate.
Entre las teorías más difundidas está la idea de que HAARP y los llamados “chemtrails” fueron responsables de la catástrofe. HAARP (High-frequency Active Auroral Research Program) es una instalación de investigación atmosférica en Alaska que estudia la ionósfera, a cientos de kilómetros de altura. Los huracanes, sin embargo, se forman en la tropósfera, mucho más cerca de la superficie, y las ondas de radio emitidas por HAARP no pueden influir en fenómenos meteorológicos. Jessica Matthews, directora del programa, fue contundente: “El equipo de investigación en HAARP no es capaz de generar ni de amplificar fenómenos como este”.
La narrativa de los chemtrails es igual de infundada. Lo que algunos ven como “estelas químicas” son en realidad contrails: vapor de agua y partículas de hollín procedentes de los aviones que se congelan a gran altitud formando cristales de hielo. Un panel internacional de 77 científicos revisó en 2016 las supuestas pruebas y concluyó que no existía base científica para respaldar esta creencia.
Otra variante sostiene que el huracán fue una maniobra para desplazar a residentes y confiscar tierras ricas en litio. Sin embargo, los principales depósitos se encuentran en condados con daños mínimos y, además, el gobierno estadounidense no opera minas: ofrece garantías de préstamo a empresas privadas. Chuck Edwards, congresista republicano del área más afectada, desmintió estas versiones: “El huracán Helene NO fue diseñado artificialmente por el gobierno para confiscar y acceder a depósitos de litio en Chimney Rock. Nadie puede controlar el clima”.
El problema no es solo que estas teorías sean falsas; también provocan daño real. FEMA ha reportado amenazas a su personal y meteorólogos han sido acusados de ocultar información. Mark Huneycutt, creador de contenido en YouTube y veterano del ejército estadounidense residente de Asheville, condujo hasta Chimney Rock para comprobar rumores sobre supuestas confiscaciones de tierras y encontró únicamente labores de limpieza. “Me sentí avergonzado de haberme creído esa conspiración”, confesó.
El huracán golpeó varios estados clave a semanas de las elecciones presidenciales de 2024, lo que alimentó el discurso de que la respuesta federal tenía sesgo político. Sin embargo, FEMA ha distribuido más de 210 millones de dólares en asistencia sin distinción de afiliación política.
Para Coye Cheshire, profesor de la Universidad de California en Berkeley, el atractivo de estas conspiraciones radica en su maleabilidad: “Si no puedes probar una afirmación, la adaptas a otra narrativa. Por eso son tan difíciles de desmontar”. Mientras tanto, los habitantes del sureste estadounidense siguen enfrentando la devastación real: hogares destruidos, infraestructuras arrasadas y familias separadas. Y ahora, cuando la temporada de huracanes vuelve a intensificarse, estas comunidades apenas comienzan a recuperarse. La verdadera amenaza no es un complot gubernamental, sino el cambio climático que intensifica huracanes y el récord de temperaturas oceánicas que permitió a Helene crecer tan rápido.
La historia de Helene ilustra el poder de la desinformación en una era donde los bulos viajan más rápido que los equipos de emergencia. Frente a fenómenos naturales impredecibles, lo que se necesita no son conspiraciones virales, sino ciencia, preparación y comunidades unidas por hechos comprobados.