La otra crisis climática: cuando el modelo deja de encajar

Si hay algo que no falta en los tiempos que corren, son las crisis. Pero entre guerras, pandemias, desinformación y colapsos varios, hay una que llevamos arrastrando desde hace décadas y que no parece tener intención de marcharse: la crisis climática. Hasta aquí, nada nuevo. Pero un artículo publicado recientemente en Nature, firmado por Tiffany A. Shaw y Bjorn Stevens, sugiere que podría estar gestándose una segunda crisis climática, más silenciosa, más técnica y quizá más preocupante: la crisis del paradigma científico con el que entendemos el cambio climático.
El artículo, titulado “The Other Climate Crisis”, lanza una idea provocadora: los modelos que usamos para predecir el clima están empezando a fallar. No en el sentido de negar el calentamiento global (nadie sensato lo hace ya), sino en que están mostrando limitaciones crecientes para explicar lo que está ocurriendo en escalas regionales. Mientras el modelo global sigue funcionando para describir, por ejemplo, que la Tierra se está calentando en promedio, ya no explica con la misma solvencia por qué algunas zonas se calientan más rápido de lo previsto, o por qué ciertos patrones locales están derivando en comportamientos inesperados.
Durante años, los científicos se han apoyado en un principio de separación de escalas: lo que pasa en pequeñas regiones (tormentas, corrientes, vientos) se puede parametrizar, resumir, y alimentar a modelos más grandes que simulan el planeta entero. Pero lo que Shaw y Stevens señalan es que esta idea empieza a resquebrajarse. Las observaciones empíricas están acumulando lo que Kuhn llamaría «anomalías» del paradigma. Discrepancias que no se pueden explicar simplemente ajustando parámetros.
Y la cosa no queda en lo técnico. Si los modelos actuales son incapaces de predecir con precisión lo que va a pasar en ciertas regiones, esto puede tener consecuencias directas sobre las políticas públicas, que dependen de esas predicciones para planificar infraestructuras, sistemas agrícolas o medidas de mitigación. Un modelo que funciona a nivel global pero que falla en lo local puede inducir a errores graves: desde subestimar sequías en zonas críticas hasta aplicar estrategias equivocadas de adaptación.
La paradoja es que esta crisis del paradigma ocurre al mismo tiempo que estamos asistiendo a un avance sin precedentes en las herramientas de simulación. Superordenadores y modelos de ultra-alta resolución están revelando comportamientos del sistema climático que simplemente no eran visibles antes. Es decir: no es que sepamos menos, es que estamos viendo más. Y lo que vemos es un sistema mucho más complejo, más entrelazado y más sensible a ciertos factores de lo que pensábamos.
Pero cuidado: esto no es munición para los negacionistas del clima. No estamos ante una refutación del cambio climático, sino ante una llamada de atención desde dentro de la propia ciencia. Como quien se da cuenta de que su mapa es válido para trazar las rutas generales, pero falla cuando hay que girar en la rotonda. Nadie duda de que el camino lleva cuesta arriba, lo que se discute es cómo de empinada es la curva a la derecha.
Lo fascinante de este planteamiento es que nos recuerda algo fundamental: la ciencia es una herramienta, no una revelación divina. Sus modelos son aproximaciones, no verdades absolutas. Y cuando esas aproximaciones dejan de encajar, hay que revisarlas. Lo que Shaw y Stevens piden no es un abandono del consenso, sino un salto de paradigma, al estilo de los grandes cambios científicos: del sistema geocéntrico al heliocéntrico, de Newton a Einstein, del clima de media resolución al clima como red de interacciones altamente localizadas y acopladas.
Así que, sí: hay otra crisis climática. Pero es una crisis de comprensión, no de fe. Y si la ciencia es honesta consigo misma, esta crisis podría ser el mejor síntoma de que estamos avanzando. Como cuando uno se da cuenta de que su viejo termómetro ya no sirve, no porque el calor sea imaginario, sino porque la fiebre ha subido más de lo que creíamos posible.
Eroton
26/07/25 00:41
Cuando Einstein dijo aquello sobre la infinidad del Universo y la estupidez humana, igual debería haber metido dentro a esos catedráticos recalcitrantes que se niegan a aceptar cualquier cosa que se salga de su línea de investigación, y de sus previsiones de cómo ésta debe evolucionar.
Stanley Miller (por poner un ejemplo) murió sin bajarse del caballo pese a que se pudieron demostrar fallos en su célebre experimento Stanley-Urey sobre el caldo primigenio; de modo que si a los presupuestos (y motivaciones) de tercera regional del mundo científico con «proyectos no comerciales», le sumamos el ego de ciertos «científicos» que han perdido la capacidad de entender la ciencia como lo que es, normal que los nuevos modelos y descubrimientos tarden en, ya no sólo aceptarse, sino en salir a la luz sin ser objeto de mofa.
Gracias por el artículo.
Leandro Aude
28/07/25 06:45
Igual eso de que es causado por el Hombre es mentira. Nuestro planeta siempre ha tenido ciclos de calentamiento y enfriamiento. Eso lo estudian los glaciólogos.