No hace falta inventarse tickets

Que levante la mano quien no haya notado que hacer la compra se ha convertido en una actividad de riesgo para la cuenta corriente. En apenas diez años hemos pasado por una pandemia que paralizó las cadenas de suministro, una guerra en Ucrania que disparó los precios de la energía y de numerosas materias primas, y ahora un conflicto con Irán que vuelve a encarecer los combustibles. Los precios han subido considerablemente, especialmente los alimentos, y no hace falta ser economista para darse cuenta. Precisamente por eso resulta sorprendente que alguien haya decidido demostrarlo con dos tickets de supermercado cuya autenticidad es, como mínimo, bastante cuestionable.

La imagen lleva varios días circulando por las redes sociales. En ella aparecen dos supuestos tickets de Mercadona, uno de junio de 2016 y otro de enero de 2026. El primero, convenientemente envejecido y guardado en una bolsa de plástico transparente, muestra una compra de seis productos que costó 7,82 euros. El segundo, perfectamente conservado, contiene exactamente los mismos productos, pero el importe asciende a 17,48 euros.

Es decir, un incremento del 123,5 % en menos de diez años. Más del doble.

Los productos son de lo más corriente: un litro de leche, una docena de huevos, una barra de pan, un kilo de pechuga de pollo, un kilo de plátanos y un paquete de café molido de 250 gramos. Según los recibos, los huevos habrían pasado de 1,10 a 2,89 euros, el pollo de 2,90 a 6,95 euros el kilo y la barra de pan de 35 a 95 céntimos.

A primera vista, la imagen resulta convincente. Especialmente para cualquiera que recuerde lo que costaba llenar el carrito hace unos años.

Pero si nos fijamos un poco más, empiezan a aparecer cosas raras.

Para empezar, ninguno de los dos tickets muestra el NIF de Mercadona. Y esto no es un detalle sin importancia. El Real Decreto 1619/2012, que regula las obligaciones de facturación, establece en su artículo 7 que las facturas simplificadas deben identificar fiscalmente a quien las emite. La norma ya estaba vigente en 2016.

Tampoco aparece el desglose correspondiente a los distintos tipos de IVA aplicables a los productos. Los tickets se limitan a indicar que el impuesto está incluido.

Pero hay algo todavía más curioso.

El supuesto ticket de 2026 identifica el establecimiento con la dirección «C/ Valencia, 5, 46007 Valencia». Sin embargo, Mercadona tuvo su sede en la calle Valencia número 5 de Tavernes Blanques, cuyo código postal es 46016. Parece que alguien ha mezclado una dirección auténtica con una localidad y un código postal que no corresponden.

En cuanto al ticket antiguo, su número de operación es «0123-045678», una secuencia sospechosamente ordenada. Y debajo del código de barras aparecen unas cifras que terminan en «01042002», aunque el recibo está fechado en junio de 2016. No sabemos qué codifican exactamente esos números, por lo que esto último no demuestra nada por sí solo, pero tampoco contribuye a despejar las dudas.

Otro problema es que las descripciones de los productos son demasiado genéricas. No sabemos qué marca de café se compró, qué variedad de pan era o si las características de los productos coincidían realmente. Y comparar precios sin asegurarse de que estamos comparando exactamente lo mismo puede llevarnos a conclusiones equivocadas.

Con todo esto, lo prudente es considerar que estamos ante una imagen de autenticidad no demostrada y con importantes indicios de manipulación.

Ahora bien, que estos tickets sean sospechosos no significa que la subida de los precios sea imaginaria.

Todo lo contrario.

Según el estudio de supermercados de la OCU publicado en septiembre de 2026, el coste de su cesta de referencia aumentó un 39,5 % entre 2021 y 2025. Y algunos productos experimentaron incrementos mucho mayores.

El café molido mezcla se encareció un 142 %, los huevos de tamaño M un 135 % y el chocolate con leche un 101 %. En estos casos, hablamos efectivamente de productos cuyo precio se duplicó o incluso más.

Y eso sin necesidad de fabricar ningún ticket.

Además, el problema continúa. Según el Instituto Nacional de Estadística, la inflación interanual de septiembre de 2026 alcanzó el 4,9 %, impulsada especialmente por los combustibles y la energía.

Las causas son conocidas. Primero llegaron las alteraciones del comercio mundial provocadas por la pandemia. Después, la invasión rusa de Ucrania encareció el gas, el petróleo, los fertilizantes y determinados productos agrícolas. Y más recientemente, el conflicto con Irán ha vuelto a tensionar los mercados energéticos y las rutas de suministro.

Cuando se encarece el combustible, también cuesta más transportar los alimentos. Cuando sube la electricidad, aumentan los costes de producción y conservación. Y cuando los agricultores pagan más por fertilizantes y maquinaria, parte de esos incrementos termina trasladándose al consumidor.

Eso no significa que todos los aumentos de precios estén necesariamente justificados ni que todos los productos hayan subido por igual. Pero el fenómeno económico es perfectamente real.

Lo curioso es que el caso de Mercadona no es único.

En Estados Unidos se ha difundido recientemente una imagen prácticamente idéntica, esta vez con dos supuestos tickets de Walmart correspondientes a 2002 y 2026. La misma compra habría pasado de 15,44 a 57,93 dólares.

Los investigadores de Lead Stories analizaron aquella comparación y descubrieron que los recibos eran falsos. El establecimiento figuraba en una localidad llamada Sunset Bay, en Florida, que ni siquiera existe.

Por si fuera poco, el ticket de 2026 situaba el precio de una docena de huevos en 9,48 dólares, cuando el precio medio nacional era de 2,27 dólares. Los análisis de la imagen también apuntaban a su generación mediante inteligencia artificial.

En este caso sí había pruebas suficientes para concluir que la imagen era una falsificación.

No sabemos si la comparación española está inspirada en la estadounidense, ni quién creó los supuestos recibos de Mercadona. Pero el mecanismo es el mismo: tomar un problema real y presentar una prueba visual espectacular que supuestamente lo confirma.

Y aquí está la cuestión de fondo.

La inflación ha reducido el poder adquisitivo de millones de personas. Para muchas familias, hacer la compra representa hoy un esfuerzo económico considerablemente mayor que hace unos años. Es un problema suficientemente serio como para analizarlo con datos fiables, discutir sus causas y exigir explicaciones cuando corresponda.

Inventarse pruebas, lejos de ayudar a denunciarlo, consigue exactamente lo contrario. Basta descubrir que un documento es falso para que algunos terminen cuestionando también el problema que pretendía demostrar.

Y sería una pena, porque para comprobar que la vida está más cara no necesitamos ninguna fotografía generada por inteligencia artificial.

Basta con entrar en Mercadona, llenar el carrito y pasar por caja.

La realidad ya se encarga de darnos el susto.


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