Tres millones de años de hielo y un titular que absuelve al CO₂

Unos testigos de hielo de la Antártida han conservado aire de hace hasta tres millones de años. Su análisis trae una sorpresa: durante una larga etapa de enfriamiento, el CO₂ atmosférico cambió bastante menos de lo que algunos investigadores esperaban. De ahí a anunciar que el CO₂ ha quedado absuelto de los cambios climáticos hay un salto que merece mirar con calma.
El titular de The Objective, publicado este 11 de octubre, afirma que unas «nuevas evidencias refutan que el CO₂ sea la causa principal de los cambios climáticos». Las evidencias existen, pero no son de octubre: proceden de un estudio sobre gases y otro sobre el océano publicados en Nature el 18 de marzo de 2026. Y su pregunta era mucho más concreta: qué ocurrió en ciertas transiciones del clima terrestre hace millones de años.
Los investigadores extrajeron hielo de Allan Hills, una zona de la Antártida oriental donde afloran capas extraordinariamente antiguas. Las burbujas atrapadas permiten medir gases de la atmósfera de entonces. Comparando xenón y criptón, dos gases cuya disolución en el mar depende de la temperatura, el otro equipo reconstruyó la temperatura media del océano.
El resultado merece atención. El CO₂ medio rondaba las 250 partes por millón hace unos 2,7 millones de años y descendió solo unos 20 puntos hasta hace alrededor de un millón de años. El metano medio no mostró un cambio importante. Mientras tanto, el océano se enfrió unos 2 o 2,5 °C a lo largo de esos tres millones de años, con buena parte del descenso al comienzo del periodo. Por entonces crecieron los mantos de hielo del hemisferio norte. Más tarde también cambió la duración de los ciclos glaciales.
¿Significa esto que el CO₂ no participa en el clima? No. Significa que su variación media, por sí sola, quizá no explique esas transiciones antiguas. Los autores apuntan a otros componentes del sistema: la extensión del hielo, la vegetación, la cantidad de luz solar reflejada y la circulación oceánica. Incluso queda por determinar hasta qué punto los cambios en el océano fueron causa de aquel enfriamiento o parte de su respuesta. Que dos cosas ocurran a la vez tampoco resuelve la dirección de la flecha.
Hay otra precaución que desaparece fácilmente cuando la noticia se convierte en eslogan. Este hielo no proporciona una película continua de tres millones de años. Sus capas se han deformado al desplazarse y las muestras ofrecen fotografías separadas en el tiempo, posiblemente promedios de decenas de miles de años. Los propios autores advierten de procesos que pudieron alterar algunos gases después de quedar atrapados. Así se puede estudiar una tendencia muy larga, pero no afirmar que el CO₂ permaneció inmóvil en cada glaciación. De hecho, la investigadora principal, Julia Marks-Peterson, plantea dos posibilidades aún abiertas: que pesaran más otros mecanismos o que el clima fuera más sensible de lo pensado a cambios pequeños de CO₂.
Ahora cambiemos de pregunta. La noticia cita a la Asociación de Realistas Climáticos para sostener que estos resultados debilitan la explicación del calentamiento actual y las políticas de reducción de emisiones. Pero los dos artículos de Nature no estudian la atribución del calentamiento moderno ni calculan el efecto de ninguna política. Investigar por qué se enfrió el planeta en una transición remota no equivale a investigar por qué se calienta desde la industrialización.
La diferencia también se ve en la escala. Esos testigos apuntan a una caída antigua de unos 20 ppm durante alrededor de 1,7 millones de años. Según la NOAA, la concentración media de CO₂ alcanzó 425,6 ppm en 2025, frente a unas 278 ppm antes de la industrialización. Son cerca de 148 ppm de subida en unos siglos. No basta comparar dos cifras para explicar todo el clima, pero tampoco tiene sentido usar un periodo con CO₂ casi estable como prueba de que una subida rápida y enorme no puede calentar.
Para el calentamiento reciente hay además otras pruebas: medidas directas de gases y temperaturas, el balance de energía terrestre y estudios que separan la influencia humana de la solar, volcánica y de la variabilidad natural. El IPCC concluye que la influencia humana ha calentado inequívocamente la atmósfera, el océano y la tierra. Estima en 1,07 °C la contribución humana al calentamiento entre el periodo preindustrial y 2010-2019; los gases de efecto invernadero calientan más, mientras que otros efectos humanos, sobre todo los aerosoles, compensan una parte.
Los nuevos testigos de hielo complican una explicación demasiado sencilla del pasado. Eso es buena ciencia. Presentarlos como una absolución general del CO₂, y de paso como veredicto sobre las emisiones de hoy, es pedirle a un puñado de burbujas antiguas que declaren sobre un caso que no investigaron.