El semáforo que se derritió por el calor… pero no por el calor que te están contando

El vídeo es perfecto para redes. Se ve un semáforo deformado, como si alguien lo hubiera dejado demasiado cerca de una parrilla, y el texto hace el resto: en Italia y Alemania hace tanto calor que se están derritiendo los semáforos. Ya está. Cambio climático, apocalipsis urbano y mobiliario público convertido en queso fundido. Solo falta que el muñeco verde salga andando hacia una piscina.


Pero hay un pequeño problema. Bueno, pequeño no. El semáforo no se derritió porque el aire estuviera a 40 grados. Se derritió porque tuvo debajo algo bastante más caliente: un vehículo ardiendo.
La ola de calor europea es real y seria. En junio de 2026 se han batido récords en varios países, Francia registró su día más caluroso desde que existen mediciones modernas y en Alemania se han alcanzado temperaturas por encima de los 40 grados en algunos puntos. Eso no hay que maquillarlo ni negarlo, porque sería absurdo. El calor extremo mata, tensiona hospitales, daña infraestructuras y convierte las ciudades en hornos.

Pero una cosa es que haga un calor peligroso, y otra muy distinta es que la temperatura ambiente derrita un semáforo como si fuera mantequilla. La historia que se está moviendo mezcla dos ingredientes reales para fabricar una conclusión falsa: sí, hay calor extremo; sí, hay semáforos deformados. Lo que no hay es prueba de que una cosa haya causado la otra.

El caso que ya circuló hace tiempo ocurrió en Milán. La imagen del semáforo derretido se hizo viral como si fuera consecuencia directa de las temperaturas africanas, pero la explicación local fue mucho más prosaica. El semáforo estaba en la zona de viale Regina Margherita y quedó afectado el 25 de julio de 2022 después de que un motorino se incendiara en la acera. El calor que deformó el plástico no venía del cielo, sino de las llamas del vehículo.

No es ese el único caso. Hace poco, en Taranto, otro semáforo también estuvo afectado por otro motorino que se incendió. O en Alemania, donde también varios semáforos fueron dañados por incendios cercanos, no por temperatura ambiental. En Fulda, por ejemplo, un Skoda ardió junto a una intersección en agosto de 2025, el fuego afectó al semáforo y se revisaron posibles daños en los cables del mástil. Otra vez, fuego directo.

Muchas carcasas y lentes usan plásticos resistentes, como policarbonato u otros materiales preparados para estar al sol, bajo lluvia, con frío y con calor. El policarbonato, por ejemplo, empieza a ablandarse de verdad muy por encima de los 100 grados, con una transición vítrea alrededor de 147 grados. Cuarenta grados en la calle pueden ser insoportables para una persona, pero no convierten un semáforo en un churro.

Este tipo de bulo es interesante porque no funciona negando la realidad, sino aprovechándose de ella. No dice una mentira completamente inventada desde cero. Hace algo más eficaz: coge una ola de calor real, le pega encima una imagen real y borra el detalle que lo explica todo.



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