¿Y si el universo fuera simplemente… aburrido?

Hay una cita que se atribuye a Arthur C. Clarke que dice algo así como que existen dos posibilidades: «o estamos solos en el universo o no lo estamos, y ambas son igualmente aterradoras». Suena muy profundo, muy existencial, muy de quedarse mirando las estrellas mientras se te enfría el café. Pero resulta que un astrofísico llamado Robin Corbet acaba de publicar un paper que propone algo mucho menos dramático: que la verdad podría estar en un punto intermedio bastante más mundano y, por tanto, bastante menos aterrador.
La paradoja de Fermi nos lleva décadas dando vueltas en la cabeza. Si el universo está lleno de vida inteligente, ¿dónde están todos? Llevamos décadas buscando señales de radio, analizando estrellas por si alguien ha construido megaestructuras tipo esferas de Dyson, mirando el cielo por si aparece una nave nodriza. Y nada. El gran silencio cósmico. Las explicaciones que se han propuesto van desde «estamos en un zoo galáctico y nos observan sin que nos demos cuenta» hasta «las civilizaciones avanzadas trascienden a otra dimensión». Todo muy de ciencia ficción, todo muy extremo.
Corbet propone algo que llama «mundanidad radical». La idea es sencilla: ¿y si hay un número modesto de civilizaciones ahí fuera, pero ninguna ha alcanzado ese nivel de tecnología casi mágica que les permita construir esferas de Dyson o colonizar la galaxia? ¿Y si simplemente no quieren hacerlo? Pensadlo un momento: nosotros, con la tecnología actual o la de un futuro cercano, podríamos técnicamente llegar a las estrellas más próximas. Tardaríamos unos cien mil años con las velocidades que alcanzamos ahora, pero es factible. El problema no es tanto si podemos, sino por qué querríamos hacerlo.
Aquí es donde la cosa se pone interesante. Para colonizar la galaxia entera, incluso usando sondas robóticas autorreplicantes, hace falta motivación. Los beneficios tienen que superar los costes y los riesgos. Y como no vas a traerte rocas espaciales de vuelta a casa, el único beneficio real es el conocimiento científico. Pero después de explorar unos cuantos miles de sistemas estelares y darte cuenta de que la mayoría de estrellas tipo M son básicamente iguales, ¿para qué seguir? El paper sugiere que existe algo así como un «umbral de aburrimiento»: llegas a un punto en el que has encontrado suficientes civilizaciones similares a la tuya, todas con tecnología parecida, y simplemente dejas de buscar porque ya no merece la pena.
Hay otro factor clave: los límites del desarrollo tecnológico. Durante el siglo XX vivimos una explosión de descubrimientos científicos que cambió todo. Pero hay indicios de que ese ritmo se está ralentizando. Algunos estudios muestran que los papers científicos y las patentes son cada vez menos «disruptivos». La Ley de Moore se está frenando. El consumo de energía per cápita en Estados Unidos lleva décadas bajando. ¿Y si existe un techo natural al desarrollo tecnológico? No porque dejemos de ser curiosos, sino porque la física simplemente no da para más. Resolver los misterios de la materia oscura o la energía oscura puede que no tenga el mismo impacto práctico que descubrir la electricidad o la termodinámica.
En este universo mundano, las civilizaciones alienígenas no construyen esferas de Dyson porque o bien no pueden o bien no necesitan tanta energía. No mantienen faros de radio ultrapotentes durante millones de años porque sería carísimo y poco práctico. No colonizan la galaxia entera porque después de encontrarse con cien civilizaciones parecidas, el entusiasmo decae. Y no nos visitan porque, francamente, una civilización que aún no ha salido de su propio sistema solar no es tan interesante.
Esto explicaría por qué no hemos detectado nada definitivo todavía. El famoso «Wow!» de 1977, esa señal de radio que pareció artificial y nunca volvió a repetirse, probablemente fue un fenómeno astrofísico raro. Los candidatos a esferas de Dyson que se han detectado en los últimos años tienen explicaciones más mundanas. ‘Oumuamua, ese objeto interestelar con forma rara que algunos sugirieron que podría ser artificial, casi con certeza es solo una roca espacial extraña. Y todos esos informes de OVNIs y fenómenos aéreos no identificados siguen sin dar pruebas sólidas de visitas extraterrestres.
Pero aquí viene lo bueno: si hay un número modesto de civilizaciones tecnológicas en la galaxia, eso significa que la vida en general debería ser bastante común. Y con telescopios como el SKA o el ngVLA que están construyéndose ahora, o una generación o dos más adelante, podríamos detectar las «fugas» de radio de otras civilizaciones. No señales diseñadas para nosotros, sino simplemente el ruido de fondo de una sociedad tecnológica. El paper hace unos cálculos y sugiere que en un plazo históricamente corto, tal vez no demasiados siglos o milenios, podríamos hacer contacto.
Claro que ese contacto podría dejarnos un poco decepcionados. Imagínate: después de décadas buscando, por fin detectamos una señal. Establecemos contacto. Y resulta que están más o menos a nuestro nivel tecnológico, quizá un poco más adelantados pero nada espectacular. No tienen viaje más rápido que la luz. No han resuelto todos los misterios del universo. No van a compartir los planos de la energía infinita. Solo son… como nosotros, pero con unos siglos de ventaja. Sería momentoso, cambiaría nuestra visión del universo, pero no nos convertiría en una civilización tipo Star Trek de la noche a la mañana.
Es curioso cómo esta perspectiva mundana resulta extrañamente reconfortante. No estamos solos, pero tampoco estamos en un universo repleto de superpotencias galácticas que nos ignoran o nos estudian como si fuéramos hormigas. Simplemente hay otros ahí fuera, enfrentándose a límites similares, haciéndose las mismas preguntas. El universo no está vacío ni abarrotado, solo moderadamente poblado por civilizaciones que llegaron más o menos hasta donde la física les permitió llegar y luego se dedicaron a sus cosas. Es menos épico que la ciencia ficción, desde luego. Pero probablemente sea más realista. Y definitivamente, menos aterrador.
Alexis
19/10/25 03:44
¡Nah! Este Post de hoy a mí no me cuadra en muchas cosas, oye…
¿Qué se está diciendo aquí? ¿Que si nos empezamos a encontrar con que los habitantes de otros mundos son el equivalente a paisanos con boina que apedrean lagartijas mientras pastorean por el monte, los futuros exploradores van a decir que para esto no hacían falta alforjas y se volverán pa casa sin más?
No. Vamos a ver: El mero sentido común ya nos puede anticipar que todo lo que abarque el espacio exterior es un «más allá» de nuestros límites actuales, pero no un «más allá» en el sentido místico y esotérico, donde se tenga que dar toda la magia y la maravilla de aquello que en nuestro propio mundo es sencillamente imposible. Esa confusión se da más bien en las modernas mitologías de corte «ufológico» y «astroarqueológico» (que vienen a ser, en cierto modo, una regurgitación de motivos mitológicos ya ancestrales y atávicos, pero abocados al mundo tecnológico actual)… O también en los tebeos, donde basta con «ser extraterrestre» para tener superpoderes imposibles (véase Supermán, por ejemplo)… Ahí fuera habrá lo que haiga, pero el hecho de que sea, a su modo, tan «terrenal» como lo de aquí, no ha de ser causa de desmotivación ninguna para el afán de seguir explorando.
¿Que el contacto con otras civilizciones no nos convertiría en una civilización tipo «Star Trek» de la noche a la mañana? ¿Y…? Los futuros exploradores no van a dejar de ser descendientes de los antiguos, cuyo afán no lo detuvo el hecho de no poder eludir que atravesar un océano les tuviera que costar meses de penosa navegación. Ni el no saber qué encontrarían realmente en la otra orilla. Aquí abajo, a lo largo de la historia, lo único que ha detenido o imposibilitado el afán exploratorio y de conquista de la humanidad ha sido la puntual falta de medios para alcanzar según qué metas o, ya más al final, la falta de nuevos territorios inexplorados por descubrir. Nunca lo que tuviera de «prosaico» cualquier nuevo hallazgo alcanzado…
Seguro que habrá, de seguir la humanidad su curso cada vez más hacia fuera del planeta, motivación sobrada y renovada para continuar buscando «lo nuevo», mientras haya hacia dónde (¡Y anda que va a faltar «hacia dónde», si se va logrando ir cada vez más lejos!)… Y también (¿por qué no?) nuevos mitos (todo alimenta la motivación), quizá surgidos de esas mismas nuevas civilizaciones descubiertas (tan poco interesantes ellas, las pobres, según casi parece sugerir el Post), sobre algun «Shangri-la» o algun «Eldorado», pero ya en clave interplanetaria…
Tengo para mí que en el mundo actual, que ya tanto se nos ha empequeñecido y globalizado, hay una palabra que se está quedando sin significado a marchas forzadas. Y ésta es la palabra «exótico». Hace tiempo que pienso que ese concepto se habrá de recuperar y renovar en un futuro, cuando puedan ir llegando aquí cosas ya de otros mundos. ¿Se imaginan ustedes cómo puede resultar de «exótica» cualquier cosa traída de una civilización alienígena (por «sencillita» que sea ésta), si ya nos han resultado tan exóticas tantas cosas a lo largo de la historia, mientras vinieran «de lejos», pero aún sin salir ni siquiera de este planeta?
Eso de que el Universo pueda ser «aburrido», de verdad que me chirría. ¡Con la de cosas que hay ya sólo aquí abajo! Si acaso será aburrido todo lo que hay de espacio vacío entre un punto y otro, como los anchos mares de aquí, pero que bien que se han llegado a desafiar y cruzar igualmente…
Y una última cosa. Que digo yo que: ¡Qué manía con eso de las «esferas de Dyson»! Eso, para mí, es una especulación fantacientífica de macroingeniería cósmica que me resulta ante todo como más bestia que otra cosa, por muy sugestivo que sea el concepto. Que alguien de aquí lo haya meramente imaginado y elucubrado sobre ello no tiene por qué implicar que automáticamente tenga que existir alguna, así al alcance del telescopio… Yo más bien me pregunto si una civilización que hubiera desarrollado los suficientes recursos (también energéticos) que le permitieran estar en situación de poder construir una burrada así, tendría realmente necesidad de costruirla… No sé… Si acaso por la machada, así como los faraones con sus pirámides… Digo yo…
¡Hala! Y hasta aquí por hoy y por mi parte.
Saludos.
Eroton
19/10/25 23:35
Bueno, es otro enfoque.
Se parece a mi temor a gastarme todos mis exiguos ahorros en visitar un país extranjero muy lejano… y encontrarme que, aparte del idioma y la gastronomía, en el fondo todo funciona igual que en el pueblo de donde vengo. Sería una decepción aplastante.
Pero tampoco hay que ignorar el sesgo cultural, el pensar que cualquier cultura o civilización ha tenido que evolucionar de manera similar a la nuestra, con nuestros mismos prejuicios, objetivos y necesidades; pero presuponer que forzosamente sea así lo veo muy del siglo XVII, cuando Huygens (el mismo que desarrolló el reloj de péndulo), en su obra «Cosmotheoros», establecía la analogía por la cual los habitantes de Júpiter se moverían por sus mares de la misma forma en que lo hacíamos nosotros por aquellas calendas.
Aquí, veo tres cuartos de lo mismo; y sí, la verdadera revolución se producirá no cuando establezcamos contacto, sino cuando se logre desarrollar un método para producir energía que permita proporcionar enormes cantidades de ésta de una forma relativamente segura y limpia. Sólo así podremos emplearnos en la exploración de otros mundos (igual de ahí venía lo de «Creced y multiplicaos», a saber), pero ésta vez no sólo para demostrar que podemos llegar a ellos, sino para establecer colonias y expandir nuestra raza. Con los siglos, estas colonias forzosamente acabarán evolucionando de forma diferente, desarrollando culturas y sistemas políticos específicos, que poco o nada tendrán que ver con la original; y tal vez, según pasan los milenios, las particularidades del cuerpo celeste colonizado, harán que sus colonos desarrollen adaptaciones biológicas que les diferencien en sus rasgos del ser humano que llegó allí mucho tiempo atrás; tanto por su físico, como por su nivel tecnológico y cultural.
Y en algún momento, antiguos humanos se verán entre ellos como alienígenas… más o menos lo que pasa ahora, pero con más legitimidad.
Más que un Cosmos aburrido, veo la proyección del estado de ánimo del autor en su obra.
Muchas gracias por el artículo.
MaGaO
20/10/25 17:56
Si este preprint está en lo cierto, la señal WOW habría sido una nube de hidrógeno que actuó como un máser. Han usado para ello, análisis de datos del radiotelescopio de Arecibo que se creían perdidos.
Ar.
21/10/25 21:10
Los imperios galácticos de 15 minutos luz, donde vamos a parar.
AMOn
22/10/25 01:20
Las civilizaciones altamente desarrolladas probablemente están disfrutando en otra frecuencia vibracional (un harem progresivo) de la materia que no podemos captar con nuestros sentidos.