El “millonario de Las Vegas” y los reptilianos de Colorado

El tuit que circula en redes lo pinta con trazo grueso: «Un rico empresario de Las Vegas dice que seis familias cristianas vieron un alien tipo reptiliano en Colorado. Nunca lo contó en público hasta que decidió llamar a un programa de radio, tras oír un relato sobre entidades reptilianas en la cultura sumaria». La escena se vende sola: montañas, niebla, familias devotas y un ser escamoso que aparece y desaparece como si se teleportase.
A wealthy Vegas businessman says six Christian families saw a reptilian entity in Colorado.
They never spoke publicly, until a private call after a radio segment about “reptile aliens.”
pic.twitter.com/VSssgAd6iB— Skywatch Signal (@UAPWatchers) September 10, 2025
Resumiendo lo que cuenta este señor:
La persona que llama a la radio es un rico empresario que dirige una importante cadena hotelera en Las Vegas. Él y cinco empleados (todos de la misma iglesia) solían hacer son sus respectivas familias un viaje anual. En 1987, acamparon durante dos semanas en las montañas de Colorado. Una mañana, caminaron hasta una colina para poder tener una buena vista del valle a sus pies. Desde lo alto, divisaron un claro circular con un grupo de personas con túnicas formando un círculo, tomadas de las manos, cantando. Alguien, probablemente su líder, estaba de pie en el centro. Observaron en silencio. De repente, una segunda figura se materializó en el centro. Era más alta que el líder, y señalando a las familias cristianas alertó a los demás de su presencia. Les habían visto. Las familias, asustadas, se volvieron de vuelta por donde habían venido, pero instantáneamente la figura alta apareció delante de ellos. El ser era de más de dos metros de alto, rasgos humanoides y piel de reptil. Controló mentalmente a todos los presentes, inmovilizándolos. Les hizo una advertencia no verbal para que se quedasen inmóviles hasta que él desapareciese.
El video insertado en el post, y uno más extenso incluido de YouTube en uno de los comentarios que lo acompañan, muestra a Jordan Maxwell, conocido conferenciante de corte esotérico fallecido en 2022. Ambos videos fueron extraídos de una entrevista que le hizo Bill Ryan en 2010, para su canal de YouTube sobre el proyecto Avalon. Los más viejos del lugar lo recordarán. Hace 15 años era una fuente inagotable para artículos en este blog.
Pese a que se pretende hacer pasar estos hechos como actuales, lo que cuenta Maxwell data de 1989. El propio autor del post insinúa sin mencionarle, que el rico empresario podría ser Robert Bigelow.
El mecanismo es clásico: se invoca a un tercero de alto estatus (“millonario”), se adorna con un factor moralizador (“familias cristianas”) y se coloca en un escenario pintoresco (“Colorado, 1989”). El resultado es un relato que juega con la imaginación pero que no soporta ni el más mínimo contraste. No hay nombres, no hay fechas exactas, no hay informes policiales ni parroquiales, ni evidencia física. Y sobre todo: no hay constancia de que ese supuesto “millonario” fuera Robert Bigelow, aunque se insinúe su autoría porque en 2017 dijo en televisión que estaba “absolutamente convencido” de la presencia de vida extraterrestre. La conexión es especulativa, no factual.
Si lo ordenamos, lo que tenemos es: Maxwell cuenta una historia sin proporcionar ninguna evidencia en una entrevista para un canal exotérico. Segmentos de esa entrevista se recortan y circulan en redes sociales asociadas a divulgadores de lo paranormal. En 2025 alguien lo empaqueta en un tuit como si fuese novedad y se le ocurre insinuar la identidad del autor de la llamada. A cada salto, se pierde información y se gana dramatismo. La cadena de custodia de la historia es nula: tres capas de “me dijeron” y cero documentos que la sostengan.
Llegados a este punto, el escepticismo es la única actitud razonable. Sin ningún tipo de evidencia, ni dato que ayude a contrastar el relato, no nos encontramos ante un suceso, sino ante la típica historia que se contaba por las noches en las acampadas alrededor de una fogata.
La parte útil para el lector de todo este episodio, es ayudarle a reconocer los indicadores. Si una “revelación” se apoya en tres soportes —estatus, virtud y opacidad—, sospecha. Si no hay evidencias, sospecha. Si la genealogía se remonta a un conferenciante de corte esotérico, y no a un documento, sospecha. Y si además te invitan a completar los huecos con el nombre propio que más te guste, sospecha el doble. Lo extraordinario merece curiosidad, pero también disciplina. En este caso, lo primero abunda y lo segundo no.