Cuando la naturaleza suena mejor que Hollywood: Los efectos especiales que no sabías que existían

¿Has visto alguna vez esas películas de ciencia ficción donde los sables láser suenan al chocar, las naves espaciales emiten extraños gemidos metálicos y los planetas alienígenas susurran melodías imposibles? Pues resulta que no hace falta viajar a una galaxia muy, muy lejana para escuchar esos sonidos. La Tierra lleva millones de años siendo el mejor diseñador de sonido del universo, creando efectos especiales que harían palidecer de envidia al mismísimo Ben Burtt, el genio detrás de los ruidos de Star Wars.

Empecemos por uno de los fenómenos más espectaculares: esos lagos de montaña que, al congelarse, suenan exactamente como los sables láser de Star Wars. No es broma ni exageración. Cuando la superficie de un lago alpino se congela rápidamente en una noche especialmente fría, las tensiones en el hielo crean grietas que se propagan rápidamente y excitan ondas flexurales que viajan por el hielo (las frecuencias agudas llegan antes que las graves), generando esos característicos zumbidos y pitidos metálicos que George Lucas habría matado por grabar para sus películas.

Lake Endine - BG - Italy - Frozen lake crack sounds. Ice cracking sounds

Ahora bien, si buscas algo más musical, las dunas cantoras son probablemente el fenómeno más mágico de todos. En el desierto del Gobi, por ejemplo, hay dunas que literalmente susurran y gimen cuando el viento las acaricia o cuando alguien camina sobre ellas. El sonido puede ir desde un suave murmullo hasta un rugido que se escucha a kilómetros de distancia. Los científicos han observado que este fenómeno ocurre cuando la arena es uniforme, muy seca y de granos redondeados. Al deslizarse unos sobre otros, crean una frecuencia de resonancia colectiva. Es como si millones de pequeños instrumentos musicales tocaran al unísono una melodía fantasmal.

mongolia singing dunes,the gobi

El viento también merece su propio capítulo en esta sinfonía natural. Un ejemplo famoso es el “canto” del Golden Gate Bridge en San Francisco: desde 2020, tras la instalación de nuevas barandillas con listones más delgados en la acera oeste como parte de un proyecto de adaptación al viento, el puente empezó a emitir un zumbido sostenido audible a kilómetros cuando sopla un viento fuerte con el ángulo adecuado. La explicación son los vórtices Von Kármán en cada listón que sincroniza la vibración del conjunto y genera un tono eólico casi puro. Para mitigarlo, la autoridad del puente aprobó e instaló miles de clips en forma de U con inserto elastomérico que rompen la coherencia del flujo y amortiguan la vibración.

Golden Gate Bridge whistles eerie tune during windy day

Pero quizás el fenómeno más misterioso de todos sea el de las auroras que chasquean. Durante décadas, los científicos desestimaron los reportes de pueblos inuit y otros pueblos indígenas del Ártico y exploradores árticos que aseguraban escuchar sonidos durante las auroras boreales. «Imposible», decían, «las auroras ocurren a más de 100 kilómetros de altura, el sonido no puede viajar desde ahí». Sin embargo, investigaciones recientes han registrado sonidos en condiciones muy específicas de inversión térmica y con temperaturas extremadamente bajas, sí se pueden producir chasquidos débiles sincronizados con las ondas de luz. La hipótesis más aceptada es que las descargas eléctricas asociadas con las auroras pueden inducir pequeñas descargas cerca del suelo, creando esos chasquidos fantasmales que acompañan al espectáculo de luces.

Enlace exterior

La realidad es que nuestro planeta es una inmensa caja de música cósmica que lleva tocando su sinfonía mucho antes de que existiera el primer oído para escucharla. Desde los profundos murmullos del océano —esos microseísmos que hacen vibrar continuamente toda la Tierra pero que están por debajo de nuestro umbral auditivo— hasta los coros submarinos de peces y crustáceos que se comunican con clics y zumbidos, la naturaleza ha estado experimentando con síntesis de sonido durante eones.



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