La ecuación que puso el fin del mundo en noviembre de 2026

Ilustración conceptual de una curva de población que asciende hacia un calendario, con el texto «¿Fin del mundo en 2026?»

El 13 de noviembre de 2026, un viernes, aparece como «día del juicio final» en un artículo de Science publicado en 1960. Lo firmaron tres investigadores de la Universidad de Illinois. Su cálculo parecía poner fecha al desastre, pero dependía de una condición: que la población mundial siguiera creciendo como en los dos milenios anteriores.

En el trabajo original, Heinz von Foerster, Patricia M. Mora y Lawrence W. Amiot reunieron estimaciones históricas del número de habitantes del planeta y ajustaron una curva que reproducía bastante bien aquellos datos. Al prolongarla hacia el futuro, la curva se hacía vertical en 2026: la población tendía al infinito. Eso no puede ocurrir. Es la señal de que el modelo deja de servir más allá de ese punto.

¿Por qué salía una curva tan pronunciada? Porque el modelo suponía que cada aumento de población facilitaba el siguiente: más personas podían colaborar para sostener a más gente. La fórmula extendía ese círculo indefinidamente, sin demostrar que pudiera mantenerse.

Ni siquiera dentro del propio artículo había precisión para fijar un viernes concreto. El ajuste situaba ese punto en el año 2026,87, con un margen estadístico de más o menos cinco años y medio. Convertirlo en «viernes 13 de noviembre» hacía el título memorable, pero no mejoraba el cálculo.

Podemos comprobar qué tal envejeció la curva sin esperar a noviembre. Con los valores centrales publicados en 1960, para 2020 habría dado unos 26.600 millones de habitantes. La serie demográfica de Naciones Unidas sitúa la población real de ese año en unos 7.900 millones. La diferencia no es un pequeño desajuste que pueda arreglarse moviendo unos días la fecha del apocalipsis.

¿Qué cambió? La población mundial siguió aumentando, pero su ritmo de crecimiento se frenó. La fecundidad descendió en gran parte del mundo y la relación supuesta por la fórmula, más población equivale siempre a un crecimiento proporcionalmente más rápido, dejó de describir lo que ocurría. La proyección media de la ONU sitúa la población mundial de mediados de 2026 en unos 8.300 millones. Su previsión actual apunta a un máximo cercano a los 10.300 millones en la década de 2080, seguido de una ligera disminución. También es una proyección, sujeta a revisión, pero no contiene ninguna carrera hacia el infinito.

Sería injusto despachar a von Foerster y sus colegas como simples bromistas. Les preocupaban de verdad la presión sobre los recursos y las condiciones de vida, y dedicaron parte del artículo a discutir cómo reducir la natalidad. El titular y alguna frase sobre morir «aplastados» buscaban sacudir al lector. Lo que no demostraron fue que una tendencia histórica tuviera que conservarse intacta hasta desembocar en una catástrofe un día señalado.

El viernes 13 de noviembre puede venir con sus problemas habituales. Que seamos infinitos no será uno de ellos.


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