¿Está Nefertiti tras el muro de Tutankamón?

Ilustración conceptual de una pared de tumba egipcia examinada con georradar, con el texto «¿Nefertiti tras el muro?»

Hay una pregunta capaz de hacer estremecer a toda la egiptología: ¿estará Nefertiti detrás de la tumba de Tutankamón? Un informe publicado este septiembre ha encontrado nuevas anomalías en la roca del habitáculo que rodeaba al joven faraón, y algunos titulares ya dejan entrever pasillos, cámaras y tesoros intactos. La posibilidad merece atención. Pero entre una señal medida desde la superficie y una tumba abierta hay todavía bastante piedra.

La imagen que abre esta entrada es una ilustración conceptual, no una fotografía del interior de KV62 ni de una estancia descubierta. Conviene decirlo porque, en esta historia, imaginar habitaciones resulta mucho más fácil que demostrar que existen.

KV62 es el nombre arqueológico de la tumba de Tutankamón, hallada por Howard Carter en 1922 en el Valle de los Reyes. Es pequeña y tiene una distribución poco habitual para una sepultura real. En 2015, el egiptólogo Nicholas Reeves examinó las imágenes de alta resolución de sus paredes y creyó distinguir las huellas de dos puertas tapadas. Su propuesta era irresistible: quizá el entierro de Tutankamón ocupó solo la parte exterior de una tumba anterior, posiblemente la de Nefertiti.

La hipótesis se trató de comprobar inicialmente con el radar. Un reconocimiento de 2015 pareció encontrar espacios ocultos; otros posteriores no confirmaron esa lectura. El equipo italiano que exploró las paredes en 2018, usando tres sistemas y varias frecuencias, concluyó que no había indicios de cámaras inmediatamente contiguas a la tumba. El resultado fue publicado en 2019. No era una prohibición divina de encontrar nada más en el valle, sino una respuesta a una pregunta concreta: ¿hay una gran cavidad justo detrás de esas paredes?

Ahora ha llegado una nueva vuelta. El informe del equipo dirigido por Mamdouh Eldamaty se publicó el 17 de septiembre de 2026, pero las mediciones principales proceden del invierno de 2023 y 2024. Combina datos antiguos y nuevos, observaciones de la arquitectura y las pinturas, radar, resistividad eléctrica y microgravedad. Hay trabajo detrás del titular; no apareció una puerta secreta al pulsar un botón.

Estas técnicas hacen preguntas distintas al terreno. El georradar envía ondas y registra sus ecos cuando atraviesan materiales diferentes. La resistividad observa cómo circula la corriente eléctrica, algo que puede cambiar, por ejemplo, con la humedad. La microgravedad mide variaciones diminutas de la atracción gravitatoria: una zona menos densa que la roca circundante puede alterar la lectura. Ninguno de esos aparatos muestra una etiqueta que diga «cámara funeraria de Nefertiti». Producen señales que hay que corregir e interpretar.

Un detalle del propio informe es especialmente útil para entender el desacuerdo anterior. Los autores tampoco encontraron una gran habitación vacía en los primeros dos metros detrás de la cámara funeraria. Proponen otra cosa: que puede haber accesos cegados con escombros. Un pasillo relleno no tendría la respuesta de una cavidad abierta que buscaban algunos sondeos anteriores. Esa explicación permite entender por qué el equipo no considera cerrada la discusión, aunque sigue siendo una interpretación de las señales, no una puerta observada directamente.

La novedad más llamativa está fuera de la estancia. Al medir la microgravedad en el terreno situado al norte, el equipo obtuvo patrones de baja densidad, algunos de apariencia rectangular y alineados con la tumba. Su reconstrucción plantea una posible prolongación de 25 a 30 metros con varias salas. También señala una anomalía que combina una zona de baja densidad con otra más densa en el centro: podría corresponder a objetos dentro de una cámara, pero el mismo informe admite que una formación geológica o un colapso pueden producir una lectura parecida.

La roca del Valle de los Reyes no es una lámina uniforme. Hay fracturas, alteraciones por el agua y otra tumba cercana, KV9, cuya presencia afecta a las mediciones. El equipo explica en su documento las correcciones aplicadas a la topografía y a la densidad de la roca, así como la eliminación de puntos anómalos. Ese procesamiento es normal en una investigación geofísica, pero también significa que la forma final de un mapa depende de decisiones técnicas que otros especialistas deben poder revisar.

Ahí llega la cautela. En Nature, el especialista en georradar Christopher Gaffney calificó el informe de interesante, pero dijo que faltan detalles para sacar conclusiones firmes. El geofísico Peter Styles consideró plausible la existencia de espacios a partir de la microgravedad y pidió también más información. George Ballard, coautor del trabajo, explicó que todavía no tenía permiso de las autoridades egipcias para divulgar todos los datos. Interés no equivale a confirmación independiente.

Y hay un salto más que el radar nunca podrá dar por sí solo. Aunque mañana se verificase que existen cámaras, eso no nos diría quién fue enterrado allí. La asociación con Nefertiti nace de la interpretación histórica de Reeves, no de un nombre leído bajo la roca. El egiptólogo Zahi Hawass defiende otra posibilidad: que KV62 fuera originalmente una tumba pequeña destinada a Ay y adaptada después para Tutankamón. Selima Ekram propone que otro equipo repita las mediciones. Es una forma bastante razonable de discutir un mapa antes de perforar un monumento.

El siguiente paso dependerá del Consejo Supremo de Antigüedades egipcio. Los investigadores han solicitado permiso para practicar una pequeña perforación desde el exterior e introducir cámaras. Según la información disponible el 27 de septiembre, aún no se había anunciado su aprobación. Solo una comprobación directa, hecha sin dañar las pinturas, permitirá saber si esas formas pertenecen a pasillos construidos, a roca alterada o a otra cosa.

Así que no, la tumba de Nefertiti no ha sido encontrada. Tampoco hay motivo para despachar las nuevas mediciones como si no existieran. Tenemos una hipótesis antigua, datos adicionales y preguntas que por fin podrían someterse a una prueba directa. Hasta entonces, la pared sigue guardando su secreto. Y, si hay algo al otro lado, todavía no sabemos ni si lleva el nombre que todos queremos leer.


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