¿Una flota de OVNIs o seis pájaros con buena publicidad?

Seis puntos en una grabación militar, una velocidad que impresiona y un expediente sin resolver. Con esos ingredientes podemos cocinar una visita extraterrestre antes de que termine el vídeo. También podemos detenernos a mirar qué se ha medido, qué se ha estimado y qué aspecto tiene un pájaro cuando la cámara apenas consigue dibujarlo. El caso PR135 permite hacer ese ejercicio. Y tiene un detalle especialmente instructivo: antes de discutir de dónde venían los objetos, hubo que corregir dónde estaba la isla.

El vídeo original, publicado el 18 de septiembre de 2026 en el archivo militar DVIDS, corresponde a una observación de 2025 en Oriente Medio. Dura aproximadamente un minuto y procede de un sensor infrarrojo. La ficha resume el informe de misión D108: seis objetos descritos como pequeñas esferas agrupadas, aparentemente ágiles y con cambios frecuentes de dirección. El observador estimó su velocidad en 480 millas por hora, unos 770 kilómetros por hora. La entrada continúa clasificada como no resuelta.
Leed otra vez la palabra «estimó». No significa que la cifra sea necesariamente falsa, pero tampoco que alguien haya colocado un radar de tráfico delante de las supuestas naves. La propia ficha avisa de que su descripción no constituye una conclusión analítica sobre la naturaleza del suceso. Tenemos un registro oficial de una observación. Convertirlo en una certificación oficial de tecnología extraordinaria requiere un salto que el documento no da.
En la grabación aparecen pequeños puntos claros sobre un fondo gris. El sensor cambia de encuadre para seguirlos. La descripción oficial sitúa ese seguimiento entre los segundos 11 y 47. Conviene abrir el vídeo y fijarse en el conjunto, no quedarse únicamente con una captura ampliada: el movimiento que vemos en pantalla combina lo que hacen los objetos con lo que hace la cámara. La cabecera de esta entrada es una ilustración conceptual; la grabación enlazada es la fuente que debemos examinar.
En el hilo de Metabunk dedicado a PR135/D108, Mick West propuso que podían ser seis aves. Otros participantes señalaron que el vuelo agrupado y los cambios suaves de formación encajaban con esa posibilidad. Es una hipótesis razonable que merece comprobarse, no una resolución oficial. Tampoco basta con que a nosotros nos recuerde a una bandada para dar por identificado cada punto. El parecido orienta la investigación; no la termina.
La discusión dejó además una corrección interesante. West situó inicialmente la escena junto a Kubbar, en Kuwait. El usuario brasco propuso Qaruh, comparando el embarcadero y los edificios próximos a la torre. West aceptó la corrección y explicó que una fotografía mal etiquetada lo había confundido. Esa rectificación importa: si vamos a reconstruir una trayectoria, empezar en la isla equivocada no es un pequeño detalle decorativo.
Localizar el fondo ayuda a fijar referencias, pero no coloca automáticamente a los objetos a la misma distancia. Imaginad una mosca cruzando delante de una montaña. En la fotografía puede recorrer media ladera en una fracción de segundo, aunque la mosca siga junto a vuestra nariz. Si calculamos su velocidad usando los kilómetros de la montaña, acabamos de inventar una mosca supersónica. El error está en la distancia que le hemos prestado.
Con una cámara en movimiento se añade otro problema. Desde un coche, los postes cercanos parecen deslizarse deprisa mientras las montañas apenas cambian de sitio. Es el efecto de paralaje. No significa que todo vídeo extraño se explique así, sino que debemos reconstruir la geometría antes de atribuir velocidades. En este caso no he calculado una trayectoria tridimensional ni una velocidad alternativa. Sería incoherente criticar una estimación insuficientemente justificada y sustituirla por otra sacada del entusiasmo.
¿Y las esferas? Si fueran pájaros, ¿dónde están las alas? La pregunta es buena, siempre que no supongamos que el sensor conserva todos los detalles. El informe anual de AARO de 2024, en su página 10, describe precisamente este problema: la compresión y la pixelación pueden convertir aves en manchas sin forma reconocible o en aparentes orbes. También menciona variaciones de la imagen asociadas al aleteo. Es un fenómeno documentado en otros casos, no una identificación automática de estos seis objetos.
Una mancha redonda nos informa sobre la imagen que ha producido el sistema. Para deducir la forma del objeto necesitamos saber cuánto detalle podía resolver. Si reducís suficientemente una fotografía de una bicicleta, dejaréis de distinguir los radios. Nadie concluiría por ello que el ciclista levita sobre dos discos macizos. Con las alas ocurre lo mismo: que no podamos separarlas del cuerpo en unos pocos píxeles no demuestra que no existan.
También conviene poner en su sitio la palabra «formación». Varios animales pueden desplazarse juntos sin un ordenador extraterrestre coordinándolos. Eso hace que las aves sean una alternativa que examinar. Para descartarla haría falta demostrar alguna característica incompatible con su vuelo, usando distancias y tiempos fiables. Decir que los puntos parecen rápidos, o que resulta raro verlos agrupados, todavía no aporta esa demostración.
West también mostró trabajo preliminar de simulación de bandadas con Sitrec. Estas herramientas permiten probar explicaciones, pero debemos revisar los datos introducidos y contrastar el resultado con la secuencia. Una animación convincente, por sí sola, no cierra un expediente.
De momento, el expediente sigue abierto y la explicación de las aves sigue siendo una candidata plausible. Podemos admitir ambas cosas sin dramatismo. Para ascender estos puntos a naves extraordinarias hacen falta pruebas adicionales; para cerrar el caso como pájaros, una identificación mejor sustentada. Mientras llegan, yo dejaría en espera el comité de bienvenida. No sería la primera vez que acudimos a recibir visitantes del espacio y lo único que necesitan es un sitio donde posarse.