¿Armas en los semáforos? El bulo que acabó en cables cortados

Ilustración conceptual de un detector sobre un semáforo en un cruce costero, con el texto «¿Armas en los semáforos?»

En la tranquila localidad costera de Ilfracombe, en Devon, una mujer subida a una escalera cortaba con unos alicates los cables de un aparato colocado sobre un semáforo. Un hombre sostenía la escalera y alguien les animaba desde detrás. Si solo vemos el vídeo, parece un acto de vandalismo. Sus partidarios dicen que es una operación de rescate: aseguran que el dispositivo es un arma electrónica capaz de enfermar o matar a quien pasa por debajo. ¿Qué hay realmente en ese poste?


El vídeo se difundió después del incidente del 28 de agosto de 2026 en esta localidad inglesa. Según The Guardian, una mujer de unos sesenta años y un hombre de unos setenta fueron detenidos más tarde y quedaron en libertad bajo fianza, investigados por daños y por poner en peligro a los usuarios de la vía. La policía, citada por Newquay Voice, habló de daños valorados en miles de libras en varios semáforos de Ilfracombe.

Quienes se presentan como «Blade Runners» sostienen que las cajas instaladas sobre los semáforos son «armas electrónicas de asalto con antenas en fase». Les atribuyen vigilancia masiva, infartos, cáncer cerebral y muerte súbita. Un mensaje difundido por el movimiento las llama directamente «armas» y celebra su retirada. Esa es la afirmación que habría que demostrar, no una descripción técnica establecida por el hecho de aparecer en mayúsculas en una red social.

«Antena en fase» es una expresión real de ingeniería. Designa una forma de combinar varias antenas para orientar o interpretar señales de radio. Puede formar parte de sistemas muy distintos, desde un radar meteorológico hasta uno que detecta vehículos. Llamar «militar» a una tecnología tampoco revela su función concreta: los satélites de navegación, los drones y la radio tienen usos civiles y militares. No he encontrado una identificación fiable del dispositivo concreto de Ilfracombe.

Pero sí se sabe para qué se colocan detectores en los cruces. El Consejo del condado de Cambridgeshire explica que registran si hay vehículos o peatones esperando, de modo que el semáforo pueda adaptar sus fases a la demanda real. Si llega un coche a una calle vacía, el sistema puede evitar que espere un ciclo completo; si se acumula gente en un paso, puede organizar el cruce en consecuencia.

Hay varias maneras de detectar el tráfico. Algunas instalaciones usan sensores enterrados en el pavimento; otras, cámaras o radar sobre el poste. Por ejemplo, Yunex anunció en junio un sensor de radar para distinguir bicicletas, autobuses y otros vehículos en cruces británicos.

Conviene no mezclar esto con otra discusión legítima. Es razonable pedir a un ayuntamiento que explique qué sensores instala, qué información conservan y durante cuánto tiempo. Una cámara que lee matrículas para multar no cumple necesariamente la misma función que un detector que cuenta coches en una cola. Pero este dispositivo no tiene cámaras, solo detecta si hay alguien esperando para cruzar. No parece que el ayuntamiento de esa localidad esté infringiendo ningún derecho a la intimidad. Y cortar cables no es la manera de preservar derechos.

¿Y las supuestas enfermedades? Si el dispositivo utiliza radar, emite ondas de radio, pero «emite» no significa «daña». La Agencia de Seguridad Sanitaria del Reino Unido recuerda que las radiofrecuencias son radiación no ionizante y que el único efecto de esta radiación, si es muy intensa, es el calentamiento. Pasar por debajo de un semáforo equipado con estos sensores no es más peligroso que llevar un móvil en el bolsillo.

Lo que sí está medido es el daño de cortar los detectores. En mayo, Cambridgeshire informó de unos 200 aparatos vandalizados en cerca de 50 cruces y pasos. Reparar cada incidente costaba habitualmente unas 250 libras, y sustituir una unidad completa podía elevar la factura hasta 1.500. El consejo explicó además que, cuando se estropean, los semáforos pasan a una secuencia de tiempos fijos: aumentan las esperas y pueden aparecer problemas de seguridad. Uno de los pasos afectados estaba junto a un colegio.

Este es un ejemplo más de lo que ocurre cuando mezclas ignorancia con osadía, características que estamos muy acostumbrados a ver de la mano. Y no estaría mal, que a estos ancianos les viniese el conocimiento de golpe en forma de multa de 5 dígitos.


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