El E-Cat de Andrea Rossi: 15 años vendiendo humo

Si llevas tiempo leyendo este blog, es muy probable que el nombre de Andrea Rossi te suene. Allá por febrero de 2011, publicamos un artículo titulado «La fusión fría de Rossi y Focardi», donde analizábamos la rocambolesca afirmación de este inventor italiano: aseguraba haber creado el E-Cat (Energy Catalyzer), un dispositivo del tamaño de una caja de zapatos capaz de generar cantidades masivas de energía barata y limpia mediante reacciones nucleares de baja energía (LENR), comúnmente conocidas como fusión fría.
Ha llovido mucho desde entonces. ¿Qué ha pasado con la revolución energética que iba a jubilar a las centrales nucleares y a los combustibles fósiles? Absolutamente nada. Bueno, nada en el ámbito científico, porque en el mundo de la pseudociencia y el marketing para incautos, Rossi ha estado muy ocupado.
Recientemente, el popular podcast escéptico Skeptoid le ha dedicado su episodio número 1030, titulado «Testing the Rossi E-Cat», donde Brian Dunning hace un repaso magistral a la trayectoria de este dispositivo. Esto me ha parecido la excusa perfecta para actualizar el culebrón de Andrea Rossi y analizar sus últimas y delirantes promesas.
La evolución de estas promesas es un ejemplo de libro. El modus operandi de la pseudociencia exige que, cuando tu teoría inicial se vuelve insostenible o es desmentida reiteradamente, te inventes una nueva jerga incomprensible. En 2011, Rossi afirmaba que su E-Cat funcionaba fusionando polvo de níquel e hidrógeno para transmutarlos en cobre. Cuando los expertos en física nuclear demostraron que esto era un disparate (la barrera electrostática entre protones y núcleos de níquel requiere niveles de energía en el rango de los MeV que son imposibles en las condiciones de su reactor, además de la clamorosa ausencia de radiación gamma letal), Rossi simplemente cambió el guion.
En los últimos años, coincidiendo con modelos como el «E-Cat SKLep SSM» (Self-Sustaining Mode), la narrativa de la fusión fría ha pasado a un segundo plano. Ahora, la excusa para justificar la «energía libre» es aún más esotérica: supuestamente extrae energía del punto cero o utiliza «osciladores armónicos cuánticos» basados en físicas no reconocidas por la ciencia convencional. Palabrería cuántica de manual para justificar un móvil perpetuo.
Pero la palabrería no basta por sí sola para mantener el negocio. Como bien señala el episodio 1030 de Skeptoid, Rossi lleva más de 15 años prometiendo que su dispositivo entregará energía gratuita, pero jamás ha permitido que nadie lo examine de forma verdaderamente independiente. Para suplir esta falta de rigor y mantener el interés (posiblemente para atraer nuevos inversores o vender licencias), en septiembre de 2024 Rossi orquestó una nueva demostración mediática en la que el E-Cat fue supuestamente instalado en un vehículo eléctrico, un Renault Twizy.
Según los promotores de la prueba, bajo la supervisión de un ingeniero llamado Maico Marzocchi (quien aportó el vehículo), el E-Cat alimentó el coche durante más de 6 horas, recorriendo unos 200 km sin agotar la batería de fábrica e incluso cargándola en el proceso. Marzocchi publicó informes entusiastas afirmando que usó el E-Cat como «Wallbox» para cargar un Volkswagen E-Up e incluso taladros eléctricos, concluyendo que «cualquier otra hipótesis fantástica puede ser excluida a priori».
¿Suena impresionante? Solo si ignoramos el historial de Rossi. Como siempre ocurre en las demostraciones del E-Cat, el reactor central actúa como una «caja negra» intocable que nunca puede ser abierta, inspeccionada o replicada por terceros bajo la excusa del «secreto industrial». Además, las pruebas siempre son realizadas por personas afines a Rossi o bajo sus estrictas condiciones; ningún laboratorio nacional, universidad de prestigio ni entidad certificadora independiente ha avalado jamás estos resultados. Por último, siempre está el truco de los cables: a lo largo de la historia del E-Cat, expertos que han analizado los vídeos y diagramas han señalado cómo las configuraciones siempre dejan margen para la manipulación (por ejemplo, cables de toma de tierra mal cableados que en realidad inyectan corriente continua, o baterías ocultas).
Ante este panorama de montajes repetitivos, el episodio de Skeptoid incide en una verdad dolorosa para los creyentes de Rossi. Si realmente tienes un dispositivo que rompe las leyes de la termodinámica y soluciona la crisis climática mundial de un plumazo, no montas streamings cutres en YouTube ni pruebas caseras en garajes. Tampoco te dedicas a demandar a las empresas que intentan comercializar tu invento y descubren que no funciona (como le ocurrió con Industrial Heat, que le pagó millones por la licencia y acabó en los tribunales cuando comprobaron que el E-Cat era inútil). Lo que haces es ir a Estocolmo a recoger tu Premio Nobel de Física.
Andrea Rossi (quien, recordemos, ya estuvo en prisión en Italia en los años 90 por el fraude de «Petroldragon», donde prometía convertir basura en petróleo) ha perfeccionado el arte de mantener la zanahoria atada a un palo. Siempre falta «solo un año» para la comercialización masiva. Siempre hay «pedidos millonarios» que nunca se materializan. Siempre hay una excusa.
El E-Cat sigue siendo lo que ya diagnosticamos en este blog hace más de una década: un espejismo envuelto en pseudociencia. Y aunque pasen otros 15 años y Rossi cambie la «energía de punto cero» por «cristales taquiónicos de materia oscura», la conclusión seguirá siendo la misma: afirmaciones extraordinarias requieren evidencias extraordinarias. Y Rossi, hasta la fecha, solo ha demostrado tener una extraordinaria capacidad para el engaño.
Eroton
6/03/26 19:52
*Mic drop*
Gracias por el artículo.