¿Y ahora qué?

Hace unos días, en un artículo publicado aquí mismo, expresaba mi convicción de que Nicolás Maduro se mantendría en el poder mientras no tuviera más remedio, y que si algo lo sacaba de Miraflores sería una traición de su propio entorno o el pánico a que eso sucediera. Apostaba por una huida preventiva hacia Rusia o Guinea, no por una intervención militar estadounidense directa. Esta madrugada del 3 de enero de 2026, Donald Trump demostró que incluso los que creemos estar atentos a estas cosas podemos equivocarnos espectacularmente.