¿Por qué dormimos?

Hace unos días me topé con una publicación en redes sociales que decía algo así como «el sueño es una pérdida de tiempo evolutiva, pronto la ciencia nos permitirá eliminarlo completamente». Compartida más de mil veces, con comentarios de gente preguntándose cuándo podrían dejar de dormir para ser «más productivos».
La realidad es que esta idea de que dormir es «tiempo perdido» no solo está completamente equivocada, sino que demuestra una comprensión bastante superficial de cómo funciona la vida misma. Es como decir que cargar la batería del móvil es una pérdida de tiempo porque no puedes usarlo mientras se carga. Spoiler: necesitas que funcione el resto del día.
Empecemos por lo básico. Un ser humano promedio pasa aproximadamente un tercio de su vida durmiendo, lo que a primera vista podría parecer excesivo si realmente fuera solo «descanso pasivo». Pero aquí viene el primer dato que suele sorprender: durante el sueño, tu cerebro no se apaga para nada. De hecho, en algunas fases del sueño está más activo que cuando estás despierto. La diferencia es que toda esa actividad está dirigida hacia tareas de mantenimiento que simplemente no pueden hacerse mientras estás consciente.
Tu cuerpo tiene dos sistemas principales que regulan cuándo duermes. El primero es como un contador de horas despierto: mientras estás levantado, se acumula en tu cerebro una sustancia llamada adenosina, que básicamente le dice a tus neuronas «oye, ya es hora de descansar». Es por esto que después de dieciocho horas despierto sientes esa pesadez característica, aunque hayas estado sentado todo el día. El segundo sistema es tu reloj interno, ubicado en una región del cerebro llamada núcleo supraquiasmático. Este relojito biológico se sincroniza con la luz solar y coordina la liberación de hormonas como la melatonina por la noche y el cortisol por la mañana.
Pero aquí viene lo interesante: el sueño no es un bloque uniforme de inconciencia. Tu cerebro alterna entre dos fases principales durante la noche. Primero entra en lo que llamamos sueño No-REM, caracterizado por ondas cerebrales lentas y profundas. Es como si las neuronas se pusieran a hacer Tai Chi en sincronía. Después viene el sueño REM (movimiento ocular rápido), donde paradójicamente tu cerebro se activa casi tanto como si estuvieras despierto, pero tu cuerpo queda completamente paralizado excepto por los músculos de los ojos y la respiración. Esta parálisis no es un error del sistema; es una medida de seguridad para evitar que empieces a moverte como si lo que sueñas fuese real. Es decir, para evitar esto:
https://www.youtube.com/shorts/jbDLw5sTHtA
Estos ciclos se repiten varias veces cada noche, y cada uno cumple funciones específicas que la evolución ha perfeccionado durante millones de años. Durante el sueño profundo No REM, tu cuerpo libera hormona del crecimiento, repara tejidos, y tu sistema inmunológico se fortalece. Es por esto que cuando estás enfermo sientes más sueño; tu organismo necesita redirigir energía hacia la recuperación.
Mientras tanto, tu cerebro aprovecha para hacer algo que solo descubrimos hace poco más de una década: una limpieza profunda. Existe un sistema llamado glinfático que funciona como una especie de servicio de limpieza nocturno. Durante el sueño profundo, las células del cerebro se contraen ligeramente, abriendo espacios por donde circula el líquido cefalorraquídeo arrastrando productos de desecho acumulados durante el día. Entre estos desechos está la proteína beta-amiloide, cuya acumulación se relaciona con el Alzheimer. Literalmente, tu cerebro se lava a sí mismo mientras duermes.
La consolidación de memoria es otro proceso fascinante que ocurre durante el sueño. Tu cerebro no guarda todos los recuerdos del día de manera indiscriminada. Durante el sueño No REM, reproduce patrones de actividad neuronal correspondientes a experiencias recientes, fortaleciendo las conexiones importantes. Luego, en el sueño REM, ayuda a integrar esos recuerdos en redes más amplias y elimina información redundante. Es como si tuvieras un bibliotecario nocturno que organiza los libros, archiva los importantes y descarta los que ya no necesitas.
Esto nos lleva a una pregunta evolutiva fascinante: si dormir nos hace vulnerables a depredadores y nos «quita» tiempo para comer o reproducirse, ¿por qué evolucionó esta necesidad? La respuesta está en que los beneficios superan ampliamente los costos. Prácticamente todos los animales con sistema nervioso duermen de alguna forma, desde moscas de la fruta hasta elefantes.
Las diferencias entre especies son fascinantes y revelan cómo la evolución ha adaptado el sueño a diferentes estilos de vida. Un elefante salvaje duerme apenas dos horas al día, a menudo en intervalos muy cortos, porque necesita estar constantemente buscando comida y alerta a peligros. En cambio, un murciélago puede dormir veinte horas diarias porque está seguro en su cueva y solo necesita unas pocas horas de actividad nocturna para alimentarse.
Los delfines desarrollaron una solución particularmente ingeniosa: duermen con un hemisferio cerebral a la vez. Mientras una mitad del cerebro descansa, la otra se mantiene despierta para controlar la natación y la respiración. Las aves migratorias hacen algo similar durante sus largos vuelos, tomando microsiestas unihemisféricas que duran apenas segundos. Una fragata puede volar durante días durmiendo menos de una hora en total, pero eventualmente debe compensar esa deuda de sueño cuando llega a tierra.
Los casos más extremos los encontramos en las crías de delfines y orcas, que junto con sus madres pueden pasar hasta un mes prácticamente sin dormir nada después del nacimiento. Pero incluso ellos eventualmente desarrollan patrones normales de sueño. No existe ningún mamífero o ave que pueda prescindir completamente del sueño sin consecuencias fatales.
Esto me lleva de vuelta a esa publicación viral sobre eliminar el sueño. Los experimentos de privación total de sueño en animales han mostrado consistentemente que lleva a la muerte en cuestión de semanas. En humanos, existe una enfermedad rara llamada insomnio familiar fatal que hace exactamente lo que su nombre sugiere: los pacientes pierden progresivamente la capacidad de dormir y mueren invariablemente si no se puede intervenir.
La idea de que podríamos «hackear» evolutivamente el sueño para eliminarlo demuestra una comprensión bastante ingenua de la biología. Es como sugerir que podríamos eliminar la necesidad de que el corazón lata porque así tendríamos más energía disponible para otros órganos. El sueño no es un vestigio evolutivo que podamos descartar; es un proceso fundamental integrado en cada nivel de nuestra biología.
Por supuesto, esto no significa que no podamos optimizar nuestros hábitos de sueño. La investigación sobre cronobiología ha revelado mucho sobre cómo alinear nuestros horarios con nuestros ritmos naturales, o cómo factores como la luz azul de las pantallas pueden interferir con la producción de melatonina. Pero optimizar es muy diferente a eliminar.
Si lees alguna de esas publicaciones prometiendo que la ciencia pronto nos liberará de la «tiranía» del sueño, recuerda que estás viendo a alguien que fundamentalmente no entiende cómo funciona la vida. El sueño no es tiempo perdido; es tiempo invertido en mantenimiento, reparación, consolidación y limpieza. Es tan esencial como respirar o comer, solo que sus beneficios son menos obvios porque ocurren cuando no estamos conscientes para observarlos.
Tu cerebro necesita esas ocho horas nocturnas para hacer el equivalente biológico de desfragmentar el disco duro, vaciar la papelera de reciclaje, hacer backup de archivos importantes y ejecutar un antivirus completo. Y después de cuatro mil millones de años de evolución perfeccionando este sistema, probablemente sea más sensato respetarlo que intentar eliminarlo para ganar unas horas extra viendo videos en TikTok.
Eroton
15/10/25 15:06
Seguro que, lo de eliminar el sueño, ha sido decidido tras ver un video de yutú, uno de TonTok, una conversación de bar que acaba con lo de «¿que no? agárrame el cubata», o la última aberración: consultarle a ChatGPT.
Otra eyección de masa fecal a la que las redes sociales nos tienen acostumbrados, y como a éstas cosas prefiero no darles el más mínimo cuartelillo, sólo dejaré un dato: una computadora cuántica (de las de verdad) no deja de funcionar nunca salvo que se produzca un fallo serio. Cuando se dice que un ordenador de éstos «está apagado» en realidad se refiere a que no se está operando, pero el campo cuántico sigue forzosamente activo y, si dispone de acceso a la memoria o a la caché con las últimas órdenes, seguirá trabajando con ellas, pudiendo incluso que las resuelva o consiga optimizar el resultado.
Gracias por el artículo.
alll
15/10/25 20:21
el sueño de los CEOs de las empresas, no dormir para ver streming, poder seguir consumiendo.
Alexis
16/10/25 02:52
¡Es que hay cosas que pretenden ir demasiado contra nuestra misma naturaleza, hombre!
A mí me gusta dormir. Disfruto el placer del reposo y, ya de paso, siento también no poca fascinación por el fenómeno de los sueños que se da mientras dormimos. Esto último sobre todo de manera más lúdica que otra cosa (aunque me haya leído también las teorías de Freud y demás sobre el tema), en el sentido de que proporcionan situaciones, muchas veces imposibles, inverosímiles y fantásticas, pero aún así experimentadas en modo de «verdaderas vivencias» en primera persona… Vamos, que prefiero con mucho poder dedicar el tiempo que haga falta al dormir que no que me fueran a querer extirpar la propia necesidad fisiológica de hacerlo.
¡Qué demonios!¡Si lo que yo aborrezco de verdad es tener que poner el despertador!…
Saludos.