¿Ha «demostrado» un científico la existencia de Dios con una fórmula matemática?

En marzo de 2025, saltó a los medios una noticia que sonaba a película de Hollywood: un astrofísico de Harvard había «demostrado» la existencia de Dios mediante una fórmula matemática. Los titulares prometían el descubrimiento del siglo, el momento en que la ciencia por fin confirmaba lo que miles de millones de personas creían por fe. Pero como suele pasar con estas historias demasiado perfectas, cuando rascas un poco la superficie, la realidad es bastante menos espectacular.

El protagonista de esta historia es Willie Soon, un astrofísico malasio que ha trabajado en el Center for Astrophysics Harvard & Smithsonian. Soon apareció en el podcast de Tucker Carlson hablando del «ajuste fino» del universo, esa fascinante idea de que las constantes físicas parecen calibradas con una precisión casi imposible para que pueda existir la vida. Su argumento era que si la gravedad fuera un poquito más débil, los planetas no se habrían formado; si fuera un poquito más fuerte, todo habría colapsado en agujeros negros. Y así con docenas de constantes que, según él, están «ajustadas» de manera demasiado perfecta como para ser casualidad.

Para respaldar su punto, Soon citó una frase célebre de Paul Dirac, el físico que predijo la existencia de la antimateria. En 1963, Dirac escribió algo así como que «Dios debe ser un matemático de muy alto orden, y usó matemáticas muy avanzadas para construir el universo». Esta reflexión filosófica de Dirac sobre la sorprendente elegancia matemática de la naturaleza fue lo que los medios convirtieron en «científico presenta fórmula que demuestra que Dios existe». Ya sabes cómo funciona el teléfono roto mediático.

Pero aquí empieza el problema. Cuando buscas el paper científico, la investigación revisada por pares, la demostración matemática formal… no hay nada. Lo que hubo fue una charla en un podcast, no un avance científico. La «fórmula» de la que hablan no es realmente una ecuación que derive la existencia de Dios desde principios matemáticos, sino una cita poética de Dirac sobre lo increíble que es que las matemáticas describan tan bien la realidad.

El argumento del ajuste fino, aunque fascinante, tiene sus problemas serios. Sí, es cierto que las constantes del universo parecen estar «justo en el punto correcto» para la vida, pero hay explicaciones que no requieren un diseñador inteligente. Está el principio antrópico, que básicamente dice que solo podemos observar un universo en el que sea posible que existamos; si las constantes fueran diferentes, no estaríamos aquí para preguntarnos por qué son como son. También están las teorías de multiverso, donde existirían infinitos universos con diferentes constantes, y nosotros simplemente nos encontramos en uno de los que permite la vida.

Lo interesante es que Soon no es el primero en intentar conectar matemáticas y religión de manera formal. Para entender la diferencia entre trabajo serio y charla de podcast, vale la pena conocer algo que pasó en 2013. Kurt Gödel, uno de los matemáticos más brillantes de la historia, había escrito décadas atrás una especie de «demostración matemática de Dios» mucho más rigurosa que cualquier cosa que Soon haya presentado.

La idea de Gödel era esta: definió con precisión matemática qué significa que algo sea «perfecto» o «positivo», estableció reglas lógicas sobre cómo funcionan estas propiedades, y luego demostró que si aceptas esas definiciones, entonces matemáticamente debe existir un ser que tenga todas las propiedades perfectas. Era como un teorema matemático, pero sobre Dios.

En 2013, dos lógicos computacionales decidieron poner a prueba este argumento de Gödel de la manera más rigurosa posible: lo programaron en computadoras diseñadas específicamente para verificar demostraciones matemáticas. Estas máquinas pueden revisar cada paso lógico de un argumento y detectar cualquier error, por mínimo que sea. El resultado fue fascinante: la computadora confirmó que el argumento de Gödel era lógicamente perfecto. Si aceptas sus definiciones iniciales, entonces efectivamente se sigue que Dios existe.

Pero aquí viene el detalle crucial que toda la prensa se saltó: la computadora solo verificó que la lógica interna era correcta, no que las premisas fueran verdaderas en la realidad. Es como si programaras las reglas del ajedrez en una computadora y le pidieras que verifique que «si mueves el alfil en diagonal, entonces el alfil se mueve en diagonal». La máquina te diría que sí, que eso es lógicamente correcto dentro de las reglas del ajedrez, pero no te estaría diciendo nada sobre si el ajedrez describe la realidad del universo.

Para ser justos, Soon tiene credenciales académicas sólidas, aunque también ha sido una figura controvertida en climatología por sus posiciones heterodoxas sobre el cambio climático. Esto no invalida automáticamente lo que dice sobre matemáticas y filosofía, pero sí ayuda a entender por qué sus declaraciones generan tanto ruido mediático como escepticismo científico.

Al final del día, lo que queda en pie es algo que ha fascinado a científicos desde Newton: la extraordinaria, casi insultante precisión con que las matemáticas describen la naturaleza. Einstein lo llamaba «lo más incomprensible del universo es que sea comprensible». Esa elegancia matemática es real y sigue siendo un misterio profundo. Pero convertir ese asombro legítimo en una «demostración de Dios» requiere un salto lógico que ni la física ni la lógica han logrado justificar satisfactoriamente.

Puedes llamar «Dios» a esa misteriosa regularidad matemática del cosmos si quieres, pero eso sería más una decisión personal sobre definiciones que una conclusión científica basada en ecuaciones y datos. Mientras tanto, el universo sigue siendo tan matemáticamente hermoso como inexplicablemente inteligible, independientemente de cómo interpretemos esa belleza.

  • Se podría decir entonces que en la postulación de Gödel, e igual me estoy equivocando, al igual que con la ecuación de Drake y más tarde con la de la astrofísica Sara Seager, se pueden obtener resultados más o menos «optimistas» en función de que la estimación de uno o más de sus variables sean, igualmente, más o menos «optimistas». No se basan en datos empíricos de observaciones contrastadas, sino de probabilidades.

    Lo de éste señor tiene aún más mérito: es así porque lo digo yo. Para qué gastar lápiz ni papel. No sé, igual es parte de una apuesta, o algo de su vida personal que le ha tocado hondo, si con ésto saca más dinero que como científico serio… a saber; lo que sí es verdad es que, con las mismas, mañana podría aparecer otra persona, con igual currículo, para decir lo contrario.

    Todo ésto me ha recordado una anécdota sobre un cosmonauta de origen bieloruso de finales de los 80, de la ya agonizante Unión Soviética, que tras volver a la Tierra y después de los desfiles y saraos de turno, se reunió con el Presidente en el Gran Palacio del Kremlin, y allí a puerta cerrada, el cosmonauta comentó con rostro serio, que tras estudiar el espacio exterior, estaba en posición de demostrar, con datos empíricos e irrefutables la existencia de Dios.
    El Presidente le puso la mano en el hombro y, tras asegurarle su seguridad y la de su familia, le otorgaría con efecto inmediato un puesto vitalicio bien remunerado además de un palacete cerca de Galkino; y a cambio el no divulgaría dicha información.
    El cosmonauta aceptó, y acto seguido, previa invitación, fue a reunirse con el Papa en Ciudad del Vaticano (el país más pequeño del mundo). Allí, el cosmonauta comentó al Santo Padre que tras sus estudios del espacio exterior, estaba en posición de demostrar, con datos empíricos e irrefutables que Dios no existía. El Santo Padre sonrió, le puso la mano en el hombro y le aseguró que, si guardaba el secreto por el bien de la Cristiandad, no tendría inconveniente en cederle una extensa villa en la costa oeste de Cerdeña, cerca de Fontanamare, que antiguamente era un convento. El cosmonauta besó el Sello, prometiendo que así lo haría, y al día siguiente tomó un vuelo para Madrid.
    Cuando llegó a Barajas no le esperaba nadie, de modo que cogió un taxi y se dirigió a la sede del Real Madrid. Tras solicitarlo, y esperar varias horas, consiguió reunirse con el presidente del club, al cual explicó que, según sus observaciones del espacio exterior, estaba en posición de demostrar de forma empírica e irrefutable que Dios existía. El presidente enarcó una ceja y le preguntó qué tenía que ver eso con él, a lo que el cosmonauta, sin inmutarse, respondió: «Es que es del Barça.»

    Gracias por el artículo.

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  • La verdad, yo no sé si tiene mucho sentido eso de que la ciencia se eche al ruedo de intentsr dilucidar el tema este de la Divinidad y de cualquier supuesto Creador sobrenatural. Más que nada precisamente por lo de «sobrenatural» o «supranatural». El mismo Stephen Hawking se pronunciaba sobre el tema aludiendo a que para él las leyes de la física bastan para explicar el Universo sin necesidad de un Dios que lo haya creado.
    Sí, bueno. Me perdone, pero me parece que la necesidad de un Dios creador no la tiene el Universo, sinó la gente que busca por ahí algún sentido a la existencia.
    Con la investigación, el razonamiento y el cálculo científico difícilmente la física podrá explicar nada más que el Universo en sí. Sus características y sus dinámicas.
    Mientras tanto, a entender del creyente, esas leyes y peculiaridades siempre serán aquello con lo que el Creador meramente ha acotado su creación y lo que llamaríamos «lo terrenal». Un ámbito del que la ciencia (también sólo «terrenal») tampoco podrá ir más allá por más que avance en su conocimiento. Ese conocimiento basado en lo empírico no puede alcanzar a lo «sobrenatural» (si es que existe) de ese supuesto nivel superior en que se ubicaría cualquier cosa a la que poder definir como «Dios».
    Ni falta que hace, para mí.
    Claro que siempre estará aquello de que si la «espiritualidad» y el «misticismo» son algo con lo que pretendidamente se puede «conectar» con ese supuesto Dios y con su «sobrenaturalidad» aún sin salir de «aquí». Pero investigar científicamente esas cuestiones a mí me sigue pareciendo más del ámbito de la psicología, la neurociencia, la antropología y demás. No de esa física que pugna por ver si algún día puede alcanzar a vislumbrar qué hubo antes del Big Bang. Aunque ahí se llegara tampoco me parece que los números fueran a perfilar ninguna concreción de lo que tendría que ser eso de «Dios». Sólo las dinámicas que de él emanan, si es que existe. O que no emanan de él, y salgan de donde salgan en ese caso, si no existe.
    Vamos, no sé… digo yo…
    Saludos.

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  • Es absurdo que los científicos se pronuncien sobre estos temas. No en vano se llama «metafísica.»

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  • Hace muchos años un gran matemático (amigo de mi abuelo) hizo un desarrollo larguísimo en el que explicaba matemáticamente la existencia de Dios.
    Tengo los escaneos de esas fórmulas, pero nunca supe a quién mostrárselas para que me diera su opinión sobre la rigurosidad de lo que desarrolló.

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  • @ Sebazo:
    Ponlas aquí si quieres. Al menos yo, y cualquier otro lector que quiera, las miraremos con respeto.

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  • EL DIOS DE SPINOZA…Y EISNTEIN.
    El dios de Baruch Spinoza es la Naturaleza misma (Deus sive Natura), la sustancia única, infinita y auto-causada que constituye toda la realidad, es decir, el panteísmo, donde todo lo que existe es parte de Dios.
    Albert Einstein se identificó fuertemente con esta visión, expresando: «Creo en el Dios de Spinoza», y rechazó la idea de un Dios personal. Para Einstein, esta concepción de Dios se manifestaba en el orden y las leyes que rigen el universo, una inteligencia cósmica y no un creador tradicional…y por que no, darle un crédito a Dirac!

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  • Todo esto me hace acordar a la alegoría de la cueva de Platón…por miedo a ver la textura de la realidad, la gente no quiere salir de la cueva, tildan de mentiroso al que se escapó de la cueva, quién les cuenta como es la realidad el mundo de afuera del exterior; y si recuedo bién, lo terminan matando.
    Cual sería el problema si se demostrara la existencia de un «Dios» universal, una inteligencia superior, que transciende los límites de nuestra imaginación y no lo podemos concebir por que no lo entendemos, por que lo intentamos humanizar, y no encaja en nuestra percepción de la realidad.
    El cerebro humano percibe solamente una porción de la realidad, ya que procesa selectivamente la enorme cantidad de información sensorial, la interpreta basándose en experiencias y creencias previas, y solo se hace consciente de una pequeña porción de los estímulos recibidos en un momento dado. Estamos limitados en nuestra percepción de la realidad, y descartamos lo que no entendemos. Hay mucho para reflexionar acá…

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