Las figurillas de Acámbaro

En 1944, en la localidad mexicana de Acámbaro, un comerciante germano llamado Waldemar Julsrud afirmó haber encontrado más de 30.000 figuras de cerámica enterradas en las faldas del cerro del Toro. Las piezas representaban desde escenas cotidianas hasta hombres montando dinosaurios, seres humanos luchando contra criaturas prehistóricas, y combinaciones bízaras entre hombres y bestias. Para quienes ansían desafiar la cronología aceptada de la historia humana, el hallazgo era el Santo Grial: una supuesta prueba física de que humanos y dinosaurios convivieron. Pero como suele pasar con las revelaciones explosivas, al rascar un poco la superficie aparece la triste y predecible verdad.

Julsrud, que había tenido anteriormente tratos con comerciantes de artefactos arqueológicos, pagaba a campesinos locales un peso por cada figura completa que le entregaran. En poco tiempo, el negocio se disparó. Las figuras aparecían como setas tras la lluvia, en proporciones que harían sonrojar a cualquier yacimiento arqueológico serio. Aunque los defensores del misterio defienden su autenticidad, los arqueólogos profesionales que inspeccionaron el lugar en los años 50 no encontraron ningún contexto estratigráfico fiable: las piezas se desenterraban de agujeros recientes, sin capas de sedimentos ni signos de antigüedad. El arqueólogo Charles C. Di Peso fue uno de los primeros en denunciarlo como fraude tras una investigación en 1952, publicada en American Antiquity. Según Di Peso, las figuras carecían de cualquier señal de enterramiento prolongado: no había incrustaciones de tierra, ni abrasiones, ni pérdidas de pigmento.

El argumento estrella de los creyentes en las figuras de Acámbaro ha sido siempre el de la datación. En los años 60 y 70 se realizaron análisis por radiocarbono y termoluminiscencia. Algunos resultados dieron fechas entre 2500 a.C. y 1500 a.C. Pero los propios laboratorios (como el de la Universidad de Pensilvania) se apresuraron a advertir que las muestras habían sido contaminadas y que los resultados eran poco fiables debido a errores metodológicos. Más aún: estudios posteriores, como el de Froelich Rainey y Gordon Ekholm, demostraron que las figuras habían sido cocidas recientemente. En los 90, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) reiteró que no existía evidencia arqueológica válida para sostener su autenticidad.

En cuanto al contenido de las figuras, la imaginación supera a la ciencia. Muchos de los «dinosaurios» retratados están anatómicamente mal representados: colas que arrastran (como en películas de los años 40), cabezas desproporcionadas, extremidades inverosímiles. Si uno compara estas figuras con libros ilustrados de la primera mitad del siglo XX, las similitudes son notables. No son representaciones basadas en conocimiento directo de criaturas extintas, sino en ilustraciones populares de la época. Algunas figuras incluso muestran a personajes con trajes occidentales o monturas de estilo moderno, algo poco coherente con una supuesta antigüedad de 4000 años.

No hay restos de dinosaurios en la región de Acámbaro. Tampoco hay registros culturales, ni pictogramas, ni tradiciones orales mesoamericanas que indiquen alguna conexión con estos animales prehistóricos. Y sin embargo, el mito sobrevive, alimentado por webs de misterio como Ancient Code o portales creacionistas que, al ver un cuello largo de barro, gritan «brontosaurio» sin sonrojo.

El caso de Acámbaro es paradigmático: una mezcla de oportunismo local, fascinación por lo misterioso y poca disposición a aplicar el método científico. Es una historia con moraleja: a veces, lo que parece un hallazgo revolucionario es solo arcilla, humo y una buena dosis de credulidad.

  • Dice el homre

    0
    0
  • Ya me estaba imaginando a los jefes de dos civilizaciones diferentes, a lomos de triceratops, resolviendo sus disputas, rollo ARK.
    Había otro caso parecido, no me acordaba y he rebuscado en la página (el buscador va de cine) y al final lo he encontrado, se parece bastante a este caso, Las piedras de Ica:
    https://lamentiraestaahifuera.com/2010/11/11/las-piedras-de-ica/

    0
    0
  • Lo de las piedras de Ica lo tengo yo por muuucho más famoso. Lo recuerdo incluso de oírselo contar por la tele al gran Jiménez del Oso cuando yo era un crío. Lo que no conocía yo era este otro caso de los moñacos estos de Acámbaro, aunque parece que también es ya bastante añejo.
    Y sí: Dice «el homre». Yo no me había dado cuenta antes, pero sí.
    Saludos.

    0
    0
  • Ya se queda así :tomates:

    0
    0


\Incluya

Puedes seguir las respuestas a esta entrada por RSS 2.0 feed.