¿Milagro o manualidades medievales? Un nuevo estudio pone en duda la Sábana Santa

Durante siglos, la Sábana Santa de Turín ha sido venerada por millones como la mortaja que envolvió el cuerpo de Jesús tras su crucifixión. En ella se distingue la figura difusa de un hombre con marcas que recuerdan a las de la crucifixión, y su misterio ha alimentado tanto la fe como la controversia. Pero cada cierto tiempo, la ciencia vuelve al ruedo con una nueva estocada. Esta vez, le ha tocado el turno al diseñador y modelador 3D brasileño Cícero Moraes, que ha publicado un estudio en la revista Archaeometry que da un paso firme hacia una explicación no milagrosa de la imagen: según su análisis, la Sábana no habría envuelto un cuerpo humano, sino un bajo relieve. Es decir, una escultura.
El planteamiento parte de una premisa sencilla pero implacable: cuando un lienzo flexible se coloca sobre un objeto tridimensional como un rostro humano, la imagen que resulta impresa presenta distorsiones inevitables. La nariz se aplasta, los contornos se expanden, los ángulos se deforman.

En cambio, si el lienzo se posa sobre un bajo relieve, es decir, una superficie en la que la figura humana está esculpida de forma muy poco profunda, como si fuera un dibujo en 3D que apenas sobresale del fondo, similar a las imágenes grabadas en una moneda, las proporciones se mantienen.

Esto es precisamente lo que hizo Moraes: comparó mediante simulaciones digitales qué tipo de objeto podría haber producido una imagen como la de la Sábana. Los resultados fueron inequívocos. El lienzo se ajusta con sorprendente precisión al contorno de un bajo relieve. No ocurre lo mismo con un cuerpo humano real.

A) Textura de contacto en el modelo tridimensional sobre la imagen de la Sábana. B) Textura de la Sábana Santa de Turín. C) Textura del modelo en bajo relieve sobre la imagen de la Sábana.
Para ilustrar este efecto, el estudio recurre a un ejemplo familiar para cualquier aficionado a la arqueología: la máscara de Agamenón. Esta célebre pieza funeraria micénica, descubierta en Grecia en el siglo XIX por Heinrich Schliemann, es una lámina de oro martillada que representa el rostro idealizado de un hombre con barba y ojos cerrados. Aunque su asociación con el rey Agamenón es simbólica más que histórica, resulta un ejemplo perfecto de una superficie plana y de poco volumen que, al ser cubierta con un paño o impresa, conserva bien sus proporciones y genera una imagen nítida. En cambio, al intentar hacer lo mismo con un rostro humano real, el resultado es una proyección ensanchada y difusa. Moraes denomina a este fenómeno «efecto máscara de Agamenón», y sostiene que eso es precisamente lo que ocurre con la Sábana Santa.

Lo destacable del estudio no es sólo la hipótesis —que ya había sido sugerida en el pasado por investigadores como Joe Nickell— sino la robustez metodológica: el uso de software libre (como Blender, MakeHuman y CloudCompare), simulaciones físicas de caída de tela, modelado detallado del cuerpo según las proporciones anatómicas visibles en las fotografías de 1931, y una comparación directa entre las texturas generadas por contacto físico y la imagen de la Sábana. Moraes creó dos modelos: uno de un cuerpo humano completo y otro de un bajo relieve de proporciones similares. Luego dejó caer una tela virtual sobre ambos y analizó las zonas de contacto. Las diferencias no dejaban lugar a dudas: el modelo tridimensional generaba una figura mucho más robusta y distorsionada que la de la Sábana; el bajo relieve, en cambio, coincidía casi milimétricamente.
Además, el autor muestra que en el caso del bajo relieve, la superficie de contacto es más amplia y detallada, permitiendo una imagen más coherente. Las zonas impresas se corresponden mejor con la silueta de la figura observada en la Sábana. Incluso el problema conocido del brazo izquierdo —ligeramente desplazado en la imagen original— se puede explicar mejor desde una perspectiva artística o técnica, que desde una impresión física directa.
Moraes también examina propuestas alternativas, como la de la descarga de corona, que plantea que una chispa eléctrica —similar a una descarga estática intensa— podría haberse producido durante un terremoto y haber interactuado con la tela de lino. Esta descarga, supuestamente, habría emitido radiación electromagnética capaz de marcar la tela con una imagen del cuerpo, sin llegar a quemarla físicamente. La hipótesis requiere que el cuerpo estuviera suspendido o ligeramente separado de la tela, y que la descarga actuara de forma ortogonal para crear una impresión bidimensional precisa. Sin embargo, este modelo implica condiciones extraordinarias y simultáneas: un terremoto, un cuerpo en posición específica, una intensidad de descarga exacta y una disposición concreta de la tela. Todo ello sin dejar rastros térmicos ni físicos incompatibles con el lino medieval conservado. A pesar de su sofisticación teórica, este enfoque no ha sido replicado de forma satisfactoria en laboratorio. Pero estas hipótesis implican una cadena de eventos extraordinaria, difícil de reproducir y sin respaldo empírico suficiente. Y aún así, incluso estos modelos con descargas presentan distorsiones en la imagen que no encajan con la Sábana. En contraste, el bajo relieve ofrece una solución elegante y replicable.
El artículo también sitúa la hipótesis en el contexto artístico de la Edad Media. Desde el siglo XIII ya existía un arte funerario europeo que incluía efigies esculpidas de figuras humanas en tumbas, a menudo con las manos cruzadas sobre el regazo y proporciones realistas. Incluso se mencionan ejemplos de obras de arte medieval que presentan figuras en posturas casi idénticas a las del hombre de la Sábana. Todo ello sugiere que no sólo existían los medios técnicos, sino también las referencias iconográficas necesarias para crear una obra así.
Por si fuera poco, el autor recuerda que el propio obispo de Troyes afirmó en una carta de 1389 que la imagen fue hecha por un artista y presentada como representación, no como reliquia auténtica. Y que la datación por carbono-14 de 1989, realizada por tres laboratorios independientes, situó el origen del lino entre 1260 y 1390. Aunque estudios posteriores han debatido la validez de esa muestra, ninguna evidencia ha logrado refutar con contundencia ese intervalo cronológico.
Por supuesto, esto no va a convencer a los creyentes. Como siempre sucede con las reliquias sagradas, la fe y la ciencia no comparten mesa. Pero el trabajo de Moraes no pretende derribar creencias. Pretende, simplemente, mostrar que hay una explicación física, lógica y coherente para lo que vemos en la Sábana. Y lo hace con las herramientas del siglo XXI, frente a un objeto medieval que ha sobrevivido gracias al poder de la imagen. ¿No es paradójico? Quizás el verdadero milagro es que, aún hoy, la razón siga esforzándose en desenredar los hilos de un lienzo que lleva siglos cosido al corazón de la leyenda.
Carapapel
4/08/25 13:24
Muy bien. ¿Pero habría huevos para hacer una entrada desmontando el Islam?
No creo. Los amegos musulmanes no se suelen tomar muy bien las parodias, bromas, sátiras o críticas de la religión de la «paz». Si no que le pregunten a los familiares de los muertos en el atentado del Charlie Hebdo por ese mismo motivo.
Desde entonces ningún medio se ha atrevido a meterse con el Islam ya sea en serio o de forma cómica, pero si ridiculizan, critican y caricaturizan el Cristianismo cada vez pueden, como ocurrió en la inauguración de los Juegos Olímpicos de Paris en el 2024.
Supongo que no será por miedo, será por respeto e inclusión
Eroton
4/08/25 19:26
Esto viene a apuntillar lo ya expuesto a finales de los 70 por el JPL (de mano del capitán de la USAF Eric J. Jumper) con el VP-8, que daba una imagen tridimensional, pero con un relieve demasiado bajo (las imágenes siguen disponibles); por aquellas calendas aún no se le había realizado una datación por carbono-14, y de dicho estudio cada parte sacó lo que le interesaba.
En cualquier caso, y según interpreto lo redactado en el artículo, estoy de acuerdo (y así debe ser) en que la fe (en cualquier religión) va por un lado y la ciencia por otro; no obstante, no coincido en que sean forzosamente excluyentes.
Como todo, es cuestión de la dosis, y a título personal, yo no tendría por «creyente» a quien base su fe en fetiches y objetos materiales, sino tal vez como un «adoctrinado».
Gracias por el artículo.
Kurrupypy
8/08/25 20:54
Carapapel dijo:
Bueno, es que una cosa es desacreditar la sábana santa y otra desacreditar la religión cristiana en su conjunto. Creo que lo primero no necesariamente implica lo segundo. Tampoco esto es una burla ni parodia ni nada. Son pruebas científicas serias que nos dicen que el cuerpo de Jesucristo no estuvo envuelto en este lienzo. Aunque es cierto que si fueran pruebas desmontando algo de la religión musulmana, lo mismo no se lo tomaban muy bien.
Y, de todas formas, son un montón de pruebas ya las que nos dicen que esto es un camelo. Pero, sin embargo, las creencias son eso, creencias. Fe ciega en algo, por mucho que les digas con pruebas que lo de la sábana no se sostiene por ningún sitio.
Carapapel
8/08/25 22:05
@ Kurrupypy dijo:
Bueno, según lo quieras ver. Para mi una si que implica la otra. Si desmontas los mitos, historias y teorías de una religión, de facto estarás desmontando dicha religión en su al dejarla al descubierto y sin argumentos válidos, si los hubiese.
@ Kurrupypy dijo:
Lo sé. No me refería a la entrada en si, si no a la permisividad que hay para con según qué temas o religiones y con qué otras cosas no.
@ Kurrupypy dijo:
Básicamente quería expresar esa idea, por si no se ha entendido bien.
Kurrupypy
9/08/25 21:30
@ Carapapel:
A ver, claro, si vas desmontando TODOS los mitos, historias…Entonces, obviamente, el chiringuito acaba por caerse.
Pero lo que yo quería decir es que aquí se desmonta UN mito en CONCRETO del cristianismo.