Tito Vivas y el Arca de la Alianza

Seguimos con esta saga en relación con la intervención de Tito Vivas en el podcast de Jordi Wild. En esta ocasión analizando sus afirmaciones sobre el Arca de la Alianza.

Me vais a disculpar, porque el artículo me ha quedado un poco largo, pero creo que merece la pena. Trataré uno por uno los aspectos que me han hecho arquear una ceja del segmento de la entrevista publicado por Wild, y que os dejo de seguido.

EL ARCA DE LA ALIANZA PUEDE HABERSE ENCONTRADO - Arqueólogo ha estado en el templo en el que estaría

El becerro de oro como materia prima del Arca de la Alianza

Cuando Moisés baja del monte Sinaí con las primeras tablas de la Ley y ve que el pueblo ha fabricado y adorado un becerro de oro, rompe las tablillas en señal de enfado. Después ordena fundir ese becerro y reutilizar su oro para construir el Arca de la Alianza, en la que se guardarían las nuevas tablas que recibiría más adelante.

Según el propio texto bíblico, cuando Moisés desciende del monte Sinaí y ve el becerro de oro, ordena destruirlo por completo. El relato es explícito: el ídolo se quema, se tritura hasta reducirlo a polvo, se mezcla con agua y se obliga al pueblo a beberla. El gesto no tiene nada de práctico ni de económico; es un castigo simbólico y una anulación total del objeto idolátrico. En ningún momento se sugiere que el oro se recupere para un uso posterior, ni mucho menos para fabricar un objeto sagrado.
El Arca de la Alianza, no surge como una improvisación posterior al pecado del becerro. Las instrucciones para construir el Arca se reciben mientras Moisés permanece en el monte Sinaí, como parte del plan original del tabernáculo, antes incluso del episodio del becerro de oro. Cuando finalmente se construye, se hace con materiales aportados voluntariamente por el pueblo siguiendo instrucciones precisas, y no como resultado de reciclar un ídolo condenado.
El becerro representa la ruptura de la alianza; el arca, su restauración. Convertir uno en materia prima del otro no solo carece de apoyo textual, sino que contradice el sentido teológico del relato.
La idea de que el oro del becerro se reutilizó para fabricar el Arca de la Alianza no aparece en la Biblia ni en la tradición interpretativa antigua. Es una reconstrucción moderna que suena ingeniosa, pero que no está respaldada por los textos y se sostiene únicamente a base de juntar episodios que, en origen, el relato mantiene deliberadamente separados.

El “rollo de cobre” como “inventario del saqueo del templo de Salomón”

 El primer templo de Salomón fue destruido por los Babilonios, liderados por Nabucodonosor II. Entre los manuscritos del Mar Muerto, hay uno llamado el rollo de cobre, que es un inventario de los tesoros que se saquearon del templo en la época de Nabocodonosor II, y allí no se menciona nada del Arca ni de la Menorá, que es el candelabro judío. Ello hace pensar que estos objetos ya habían salido del templo antes de su destrucción.

El problema de esta afirmación no está en una frase concreta, sino en la cadena de supuestos que se encadenan como si fueran hechos probados cuando, en realidad, no lo son.
Es cierto que el Primer Templo de Jerusalén fue destruido por los babilonios bajo Nabucodonosor II en el año 586 a. C. y también es cierto que existe un documento conocido como el rollo de cobre entre los manuscritos del Mar Muerto. Hasta ahí, ningún problema. El salto injustificado viene cuando se afirma que ese rollo sea un inventario de los tesoros saqueados del templo de Salomón durante ese episodio concreto.
El rollo de cobre no dice en ningún momento que esté enumerando el botín babilónico, ni menciona a Nabucodonosor, ni sitúa los depósitos en el contexto del saqueo del Primer Templo. Es un listado de lugares donde supuestamente se ocultaron riquezas, redactado muchos siglos después de la destrucción del templo de Salomón. Vincularlo directamente con aquel saqueo no es una conclusión derivada del texto, sino una interpretación moderna que no se sostiene cronológicamente.
A partir de ahí, el razonamiento se vuelve circular: como el rollo no menciona el Arca ni la Menorá, se concluye que ya habían salido del templo antes de su destrucción. El problema es que el punto de partida ya es erróneo. Si el rollo no puede identificarse con un inventario del saqueo babilónico del Primer Templo, entonces su silencio sobre esos objetos no nos dice absolutamente nada sobre su paradero en el siglo VI a. C.
Bien es cierto, que el propio relato bíblico del saqueo del templo enumera con bastante detalle los objetos que los babilonios se llevan, y en esa lista tampoco aparece el Arca de la Alianza. Eso no prueba que hubiera sido retirada con antelación, pero sí deja claro que no tenemos ninguna fuente que afirme que fue saqueada, ni mucho menos que figure en un inventario externo.
El rollo de cobre no puede usarse como prueba del destino de los objetos del templo de Salomón. Su silencio sobre el Arca o la Menorá no demuestra nada, porque es un texto muy posterior y no menciona ni el templo ni a los babilonios.

La tumba de Moisés

Hay otra teoría que dice que el arca fue sacada del templo antes de que lo destruyeran los Babilonios, y que podría haber sido llevada a la tumba de Moisés, en el monte Nebo.

La afirmación suena sugerente, pero no se sostiene cuando se contrasta con las propias fuentes bíblicas ni con una mínima coherencia cronológica.
Es cierto que la Biblia no dice qué ocurrió con el Arca de la Alianza tras la destrucción del Primer Templo, y ese silencio ha alimentado teorías durante siglos. Pero de ahí a afirmar que pudo ser llevada a la tumba de Moisés hay un salto que no está respaldado por ningún texto antiguo.
El principal problema es temporal. Moisés muere mucho antes de que exista siquiera el templo de Jerusalén. Según el propio relato bíblico, el arca sigue en uso durante siglos después de su muerte: acompaña a los israelitas en la conquista de Canaán, se custodia en santuarios como Silo, aparece en tiempos de Samuel, pasa por manos filisteas y finalmente es trasladada a Jerusalén por David antes de ser depositada en el templo de Salomón. Plantear que el arca acabara en la tumba de Moisés implica ignorar todo ese recorrido posterior.
A esto se suma otro dato clave: la tumba de Moisés es desconocida por definición. El texto bíblico insiste explícitamente en que nadie sabe dónde fue enterrado. Vincular un objeto concreto a un lugar cuya ubicación se declara desconocida no es una hipótesis histórica, sino una especulación sin posibilidad de verificación.
En cuanto al Monte Nebo, su asociación con Moisés es clara como lugar desde el que contempla la Tierra Prometida antes de morir, pero no existe ninguna fuente antigua que diga que allí se trasladara el arca, ni antes ni después de la destrucción del templo. Esa conexión aparece únicamente en teorías modernas que intentan cerrar el misterio uniendo puntos que las fuentes nunca unen.

El castigo de Moisés

En un momento de la charla, Tito afirma que Dios castigó a Moisés, pero no recuerda la causa. Para no dejaros con la duda, os la explico.
Según el libro de Números, el episodio clave ocurre durante la travesía por el desierto, cuando el pueblo vuelve a quejarse por la falta de agua. Dios ordena a Moisés que hable a una roca para que de ella brote agua. Moisés, irritado por la situación, golpea la roca dos veces con su vara y se dirige al pueblo de un modo que el texto interpreta como una apropiación del poder que debía atribuirse solo a Dios.
La consecuencia se formula de manera explícita: Moisés no entrará en la Tierra Prometida por no haber mostrado plena confianza ni haber santificado a Dios ante el pueblo en ese episodio concreto. No se trata de un castigo genérico, ni de una falta moral indefinida, ni de un misterio sin causa. El motivo está claramente narrado y se repite después en Deuteronomio, donde el propio Moisés asume ese desenlace.

Indiana Jones

Indiana Jones se iba a llamar en el primer guion Indiana Smith. Y Spielberg le dijo a Lucas: ‘Smith no me suena, no me cuadra’. Bueno, pues resulta que había un tío buscando el Arca de la Alianza en el Monte Nebo, en la tumba de Moisés, que era Vendyl Jones. Y de ahí le cambian el nombre a Indiana Jones. Bueno, Vendyl Jones siempre dijo que le habían robado el nombre para hacer el personaje…

La realidad es que esta conexión es un ejemplo de libro de causalidad inversa (el mito crea al referente, y no al revés). Las transcripciones literales de las reuniones de guion de enero de 1978 entre George Lucas, Steven Spielberg y Lawrence Kasdan son públicas y desmontan la teoría: Spielberg rechazó el apellido «Smith» explícitamente porque le recordaba a Nevada Smith (el western de Steve McQueen) y le parecía un cliché sonoro agotado. Cuando Lucas lanzó «Jones» como alternativa inmediata, la aceptación fue puramente estética, sin ninguna mención a Vendyl. Vincular el cambio al arqueólogo texano es ignorar que la verdadera «musa» del nombre fue un perro (el Malamute de Lucas) y que Vendyl Jones, cuya fama mediática global explotó años después del estreno, moldeó su imagen pública a posteriori para encajar en la narrativa de Hollywood. Es mucho más rentable venderse como la inspiración original del mito que admitir que fuiste simplemente una coincidencia estadística en una guía telefónica.

El expolio por parte de un faraón egipcio

 Existe la teoría de que un faraón llamado Sisac [Sheshonq I] entró en el Templo, lo saqueó y se llevó el Arca a Egipto, a la ciudad de Tanis.

La realidad es que estamos mezclando arqueología con el guion de Steven Spielberg. El faraón Sheshonq I (el Sisac bíblico) existió y su campaña en Judá hacia el 925 a.C. es un hecho histórico documentado tanto en la Biblia (1 Reyes 14:25-26) como en los muros del templo de Karnak. Sin embargo, afirmar que se llevó el Arca es dar un salto al vacío sin red. El texto bíblico es minuciosamente burocrático al listar el botín: se habla de los tesoros del palacio, de los escudos de oro de Salomón y de los utensilios del Templo, pero el silencio sobre el Arca es ensordecedor.
Si el objeto más sagrado de Israel, el trono literal de Yahvé en la tierra, hubiera sido capturado por un rey pagano, los cronistas bíblicos (que nunca desperdician una oportunidad para el drama teológico) habrían narrado el evento como el cataclismo espiritual definitivo, tal como hicieron cuando los filisteos capturaron el Arca siglos antes. Que no la mencionen en el inventario de Sheshonq sugiere que el Arca seguía allí o había sido ocultada, pero no que acabó en manos egipcias. La idea de que el Arca descansa en Tanis enterrada por una tormenta de arena funciona genial en «En busca del arca perdida», pero en la historia real no hay ni un solo papiro que sostenga esa trama.

Etiopía y el arca

La reina de Saba (Makeda) visitó a Salomón, quedó embarazada y dio a luz a Menelik. Años más tarde, el joven viajó a Jerusalén a conocer a su padre. Cuando Menelik decidió volver a Etiopía, para tomar posesión del reino de su madre, se llevó el arca, o el propio Salomón se lo entregó.

El relato del romance entre Salomón y Saba, el embarazo y el posterior «robo» o cesión del Arca no aparece en la Biblia ni en ningún registro asirio o egipcio de la época. En  1 Reyes 10 narra una visita diplomática y comercial estrictamente platónica sin dar muchos más detalles. La narrativa del romance entre ambos nace exclusivamente del Kebra Nagast («La Gloria de los Reyes»), un texto redactado en el siglo XIV d.C., es decir, 2.300 años después de que Salomón supuestamente viviera.
El propósito del Kebra Nagast no era preservar la historia, sino legitimar un golpe de estado dinástico. En el año 1270 d.C., un noble llamado Yekuno Amlak dio un golpe de estado. Derrocó a la dinastía Zagüe, que llevaba siglos gobernando y había construido las famosas iglesias de Lalibela. Yekuno tenía el ejército, pero le faltaba algo crucial: legitimidad. Para el pueblo, él era un usurpador. ¿Cómo convences a una nación profundamente religiosa de que tú eres el rey verdadero y los anteriores eran unos impostores? Inventándote una sangre divina.
Aquí nace la «Dinastía Salomónica». Yekuno Amlak y sus escribas encargaron la redacción del Kebra Nagast. No escribieron un libro de historia, escribieron un panfleto de propaganda retroactiva. La narrativa fue la siguiente: «Nosotros no somos unos golpistas cualquiera; somos los descendientes directos de Menelik I, el hijo secreto que el Rey Salomón tuvo con la Reina de Saba hace 2.300 años». Al conectarse con Salomón, se conectaban con Jesús y con la Biblia. El mensaje era claro: desobedecer a Yekuno Amlak era desobedecer a Dios.
Para que la mentira cuaje, necesitaban una prueba física, un objeto de poder. Ahí es donde entra el Arca de la Alianza en el guion. Si Menelik se llevó el Arca (el trono de Dios) a Etiopía, significa que Dios abandonó a Israel y eligió a Etiopía como su «nuevo pueblo elegido». El Arca se convierte en el sello notarial que valida el golpe de estado de 1270.
Sin embargo, la lógica interna del relato se cae a pedazos si la analizamos sin fe. Primero, Menelik es un fantasma arqueológico; no hay registros de su existencia. Y segundo, pensemos en Salomón. ¿Un rey famoso por su sabiduría entregaría el arma suprema de su nación, la garantía de su defensa militar y espiritual, a un hijo ilegítimo que se la lleva a otro continente? Es como si hoy el presidente de EE. UU. le regalara los códigos nucleares a un pariente lejano para que se los lleve a Australia. No tiene sentido geopolítico ni teológico, pero funcionó de maravilla para que una familia se mantuviera en el trono etíope hasta 1974.

Chartres y los templarios

En Chartres (Francia) está la primera catedral gótica de Europa, construida por los templarios. En la fachada de la catedral se hace mención a la reina de Saba y al Arca de la Alianza, encimadme un carro con ruedas. ¿Cómo sabían los templarios la relación de la reina de Saba con el África negra?

La realidad es que en esas tres frases hay más errores de bulto que datos correctos. Para empezar, Chartres no es la primera catedral gótica (ese honor técnico recae en la basílica de Saint-Denis o la catedral de Sens, iniciadas décadas antes) y tampoco fue construida por los templarios. Atribuir la ingeniería gótica a una orden militar es un clásico del pensamiento mágico moderno; las catedrales las levantaban los gremios de albañiles profesionales y las financiaban los obispos y los burgueses, no unos monjes guerreros que se dedicaban a la banca y a la espada.
Sobre la supuesta «información privilegiada» acerca de la Reina de Saba y África, no hace falta buscar conspiraciones donde solo hay cultura clásica. No fue un secreto descubierto por los templarios en Etiopía; el historiador judío Flavio Josefo ya escribió en el siglo I (en sus Antigüedades judías) que la reina de Saba gobernaba sobre Egipto y Etiopía. Era conocimiento académico estándar accesible para cualquier clérigo culto de la Edad Media. Y respecto al Arca en el carro, volvemos a lo mismo: no es un mapa del tesoro, es una representación literal del libro de Samuel en la Biblia. Ver misterios esotéricos en la iconografía cristiana estándar es el pasatiempo favorito de quien no quiere leer las fuentes originales.

El Arca en la iglesia de Axum

En Axum, Etiopía, existe una iglesia, custodiada por un guardián, que conserva el auténtico Arca, al que nadie tiene acceso. El Guardian es descendiente de los Levi.

La realidad es que estamos ante la coartada perfecta: un objeto que no se puede enseñar custodiado por un hombre que no se puede auditar. Afirmar que el guardián es descendiente biológico de la tribu de Leví tras 3.000 años de historia sin registros escritos es fe, no genética. A diferencia de otros grupos como los Lemba, aquí no hay pruebas de ADN (haplogrupo Cohen) que respalden el linaje; el título de «levita» es un cargo teológico necesario para justificar el monopolio del acceso.
La capilla que menciona Tito Vivas es la Capilla de las Tablas, situada en la Iglesia de Nuestra Señora de Sion, también citada habitualmente como Iglesia de Santa María de Sion. Según la propia descripción que dan los guardianes que custodian el presunto Arca (una caja pequeña con piedras) contradice las medidas bíblicas del Arca del Éxodo. Lo más probable es que se trate de un Tabot (una réplica ritual presente en todas las iglesias etíopes) especialmente antiguo o venerado.

El propio Tito Vivas lo confirma un poco más adelante. En la Iglesia Ortodoxa Etíope, el Arca no es un objeto único, sino un requisito burocrático-religioso: ninguna iglesia puede consagrarse sin su propio Tabot, que suele ser una tabla de madera o piedra que replica las Tablas de la Ley, no el mueble dorado. Para la mentalidad etíope, cada una de estas miles de copias es el Arca en esencia, lo que sugiere que la supuesta reliquia de Axum no es el hallazgo arqueológico de Moisés, sino simplemente el «Tabot número uno», el prototipo venerado de una producción litúrgica masiva, no histórica.

Conclusión

Llegados a este punto, lo único honesto es separar con claridad lo que sabemos de lo que solo podemos imaginar. Del Arca de la Alianza no tenemos restos arqueológicos, ni descripciones externas contemporáneas, ni rastro material alguno que permita seguirle la pista más allá de los propios textos bíblicos. Su existencia pertenece al ámbito del relato religioso y, dentro de ese relato, su recorrido es relativamente claro hasta un momento muy concreto: algún punto indeterminado anterior a la destrucción del Primer Templo de Jerusalén en el siglo VI a. C. A partir de ahí, el silencio es absoluto.

Ese silencio no implica necesariamente misterio deliberado ni conspiración. Implica, sencillamente, que dejamos de tener información. La Biblia no dice que el Arca fuera saqueada, ni que viajara a Egipto, ni que acabara en Etiopía, ni que fuera enterrada con Moisés, ni que figure en inventarios secretos. Tampoco dice que fuera destruida. Realmente, no dice nada. Y cuando una fuente primaria calla de forma tan persistente, lo único responsable es aceptar ese límite.

Lo que sí sabemos es que, tras el exilio en Babilonia, el Arca deja de desempeñar cualquier papel real en la vida religiosa de Israel. El Segundo Templo funciona sin ella, el Santo de los Santos permanece vacío y las referencias posteriores se vuelven simbólicas, no materiales. El centro del culto ya no es un objeto, sino la Ley. Eso sugiere que, ocurriera lo que ocurriera con el Arca, dejó de ser necesaria incluso para quienes creían en ella.

Todo lo demás —Axum, Tanis, Qumrán, templarios, mapas ocultos, guardianes hereditarios— pertenece al terreno de la tradición tardía, la propaganda política, la literatura religiosa medieval o, directamente, la cultura popular contemporánea. No son pruebas acumuladas: son relatos superpuestos, creados siglos después para cubrir un vacío que quizá nunca estuvo pensado para rellenarse.

Así que, si alguien pregunta hoy dónde está el Arca de la Alianza, la única respuesta intelectualmente honesta es esta: no lo sabemos, y probablemente nadie lo ha sabido desde hace más de dos mil quinientos años. Y asumirlo no le quita fuerza al mito; al contrario. Lo devuelve a su lugar original: no como un objeto perdido que espera ser encontrado, sino como un símbolo poderoso que sigue funcionando precisamente porque ya no puede ser comprobado.

  • Si estubiera en Axum, el vaticano o donde fuera. Isreal ya la habria reclamado como minimo.

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  • Es que es una tras otra con este hombre. Año cero y estas revistas suelen hablar mucho del arca de la alianza, supongo que de ahi habra sacado todas estas cosas.

    Habria que ver que opinan los arqueologos laicos de Israel de este tema. Yo sospecho que opinarán que al ser un objeto tan relacionado con algo que muchos sostienen que no existió, como es el éxodo desde Egipto y el propio Moisés, es muy posible que el arca no existiera, y que llegado cierto punto no se la mencione es por que los autores de esa parte no conocían esa tradición del arca o incluso esa tradición es posterior a esos textos sobre el contenido del templo.

    Como pones de ejemplo, se inventaban constantemente cosas para justificar tal o cual hecho contemporáneo, que luego han pasado a ser supuestamente tradiciones antiquísimas.

    Y como decía un historiador, nunca se ha hablado tanto de los templarios como a partir de la segunda mitad del siglo XX (lo cual estoy seguro será muy confuso para los historiadores del futuro)

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  • Vaya primero mis felicitaciones por lo detallado del artículo, que no me deja meter baza como me gustaría, de modo que no me queda otra que cortar aquí, o soltar una memez.

    Elijo la segunda opción.

    Dicho ésto, siempre he tenido una duda: sabiendo lo que pesa el mármol de una simple mesita de noche, y habiendo desmantelado más de una encimera de cocina… ¿cómo se las apañó Moises para cargar con las Tablas del Pacto?

    Según el Talmud, y una vez pasadas las medidas originales (puños) al sistema métrico actual, eran prismas de alrededor de medio metro de lado y unos 30 cm de fondo (sin esquinas curvadas). En cuanto al material, pudiese ser granito o, como se indica en el Midrash, de zafiro azul o lapislázuli, y que los caracteres de las Expresiones estaban grabados atravesando por completo las piezas, aunque (milagrosamente) podían leerse por ambos lados.

    También se estima el peso en unos 200 Kg. por pieza.

    Gracias a judaismoacademico.com por sacarme de dudas.

    Imaginaos éstas bajadas a pulso por una sola persona, que después encuentra a todo el mundo de fiesta en lugar de haber ido a su encuentro a echarle una mano.

    Normal que se enfadase.

    Muchas gracias por el artículo, para la próxima elegiré la primera opción.

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