Tito Vivas en «The Wild Project» (Continuación)

Desde hace unos días llevo revisando la charla que tuvo Tito Vivas en el pódcast de Jordi Wild, un episodio larguísimo (de casi cinco horas) plagado de afirmaciones sobre Egipto (y otros temas) que suenan a titulares llamativos o discretamente alucinantes. Si te pareció exagerado lo que aclaré sobre las pirámides de Sneferu en mi anterior artículo, espera a ver lo que te traigo hoy.
He participado en varios pódcasts y soy consciente de que es muy fácil cometer errores al afirmar de cabeza cosas que quizá no recuerdes con precisión, o que se te crucen los cables y hagas alguna afirmación errónea. Pero la densidad de errores de Tito Vivas en el pódcast de Jordi Wild es algo especialmente llamativo. Alguna de sus afirmaciones tienen suficiente gancho como para que cualquiera se las crea al escucharlas; otras, en cambio, se derrumban con tan solo abrir un libro de egiptología o mirar un plano arqueológico. El caso es que hay material (mucho material) para varios posts, uno detrás de otro. Así que he decidido no tratarlo todo de una vez: esta nueva serie de artículos será como un peregrinaje por las afirmaciones más rotundas de Vivas, uno por uno, con lupa, comparándolas con lo que señalan los yacimientos, las inscripciones y las fuentes académicas. Y tú, lector, decide si lo que suena a historia increíble es ciencia… o “ciencia” de feria.
La pirámide “inacabada” del hijo de Keops que nunca existió
Uno de los hijos de Keops empezó una pirámide que quedó a medias (posiblemente lo mataron antes de que la acabase), solo con la parte inferior construida, y todavía puede verse una rampa que utilizaron para levantar los bloques.
La afirmación suena espectacular, pero no tiene respaldo arqueológico. Ninguno de los hijos de Keops dejó una pirámide a medio construir. La única pirámide iniciada por un hijo suyo fuera de Giza (la de Djedefra en Abu Rawash) se completó en la IV dinastía y aparece plenamente descrita en la documentación antigua. La razón de que hoy parezca una base desnuda es mucho menos mística: fue desmantelada en época romana y medieval para reutilizar sus piedras. La supuesta “rampa” que menciona el invitado no existe en los registros, ni como estructura monumental ni como resto identificable de obra. Lo que se conserva son taludes erosionados y zanjas de extracción, que nada tienen que ver con un método de construcción intacto ni con una pirámide abandonada por un príncipe emprendedor. La arqueología es clara, pero cuando se ignoran los estudios de campo y se mira solo una foto aérea, la tentación de inventarse una historia nueva es demasiado fuerte para algunos. ¿El resultado? Un cuento atractivo para un podcast, pero incompatible con la evidencia real del Reino Antiguo.

La fantasía solar sobre por qué “subía” la cámara funeraria
Con el paso de los reinos, los egipcios fueron elevando la cámara funeraria porque la tierra dejó de verse como divina y empezó a considerarse más importante el sol. Como las semillas no germinan sin luz, quisieron acercar el alma del faraón al sol, y por eso la cámara de Keops está elevada. Luego esta idea fue evolucionando.
Es una explicación muy bonita, casi de cuento iniciático, pero no encaja con la arqueología ni con la evolución real de las cámaras funerarias. Primero porque la secuencia histórica no es lineal ni simbólicamente “ascendente”, y segundo porque los datos contradicen la idea central: después de Keops, las cámaras volvieron a colocarse bajo el nivel del suelo. Kefrén y Micerino (sus dos sucesores directos en Guiza) situaron sus cámaras funerarias en el subsuelo, exactamente igual que las pirámides más antiguas. Si la intención fuera “acercarse al sol”, es difícil explicar por qué sus hijos renunciaron al supuesto avance doctrinal. En realidad, la ubicación de la cámara responde mucho más a cuestiones de ingeniería y tradición arquitectónica que a metáforas agrícolas. Las cámaras elevadas plantean problemas estructurales graves: la de Keops solo es posible por el extraordinario sistema de descarga a base de cámaras superpuestas y gigantescos dinteles de granito. No era un modelo práctico ni fácilmente replicable, así que no se convirtió en tendencia. Tampoco existe en los textos funerarios del Reino Antiguo ninguna referencia que relacione la altura física de la cámara con un simbolismo solar progresivo. La conexión con Ra aparece, sí, pero en el culto estatal y en la iconografía, no en la topografía funeraria. El invitado del programa confunde mitología con ingeniería, y de esa mezcla sale un relato elegante pero sin sustento. Como tantas veces, cuando se fuerza la espiritualidad para explicar un plano arquitectónico, el resultado suena revelador… pero no coincide con lo que se excavó bajo la arena.
El falso “reinicio” del calendario egipcio con cada nuevo faraón
Los egipcios inventaron el calendario de 365 días y lo reiniciaban cada vez que empezaba un nuevo reino o un nuevo faraón.
La frase mezcla una verdad histórica con una fantasía administrativa. Es correcto que los egipcios desarrollaron muy pronto un calendario civil de 365 días (12 meses de 30 días más cinco días añadidos), pero es falso que lo reiniciaran cada vez que accedía un nuevo rey. Lo que se reiniciaba no era el calendario, sino la contabilidad política: los documentos oficiales se fechaban como “Año 1 del reinado de X”, “Año 2 del reinado de X”, etc., mientras que la vida cotidiana seguía usando el mismo ciclo fijo de 365 días sin ajustes. Y sabemos con total seguridad que ese calendario no se reiniciaba porque tenía un desfase incorporado: al no añadir nunca el cuarto de día extra que dura realmente el año solar, las estaciones iban desplazándose lentamente respecto a las fechas, creando un desajuste que solo se corregía de manera natural cada 1460 años, en el llamado ciclo sotíaco. Si los egipcios hubieran “reiniciado” su calendario con cada faraón, ese desfase no existiría y no podríamos detectarlo en los registros astronómicos. Pero está ahí, documentado durante más de un milenio. El invitado del programa confunde un sistema de datación regia con el funcionamiento del calendario civil, y de esa confusión nace una idea que suena ordenada… pero que no coincide con ninguna práctica real del Antiguo Egipto.
Continuará…
josemi
13/12/25 17:31
Gracias por tus comentarios. La verdad que no he tenido tiempo (dichoso tiempo!) de ver el programa entero, que como dices es larguísimo, pero es que me da la impresión de que es mas una especie de guía turístico que cuenta cosas que ha oido por ahi, buscando siempre lo mas raro y acadabrante.
Jordi Wild ha traído mucha gente interesantes y con rigor a su programa para hablar de temas científicos, pero esta vez se ha estrellado.
No es que diga alguna cosita mal por tener que hablar de memoria, como he visto que les pasado a otros invitados, es que es una tras otra.