La esfera que no aguantó un taladro

Esfera metálica perforada junto a un taladro en una mesa de taller

Hace poco más de un año, la esfera de Buga prometía reescribir la historia con aleaciones imposibles y tecnología no humana. Ahora tiene una hermana, presentada con la misma épica y casi el mismo vocabulario, y esa hermana ha durado exactamente lo que tarda un taladro doméstico en atravesar una carcasa de metal blando. Si el titular de 2025 era «artefacto alienígena en Colombia», el de 2026 podría ser «cómo desmontar un mito mirando dentro».

La recién llegada fue bautizada como esfera de Las Baldías, por la serranía antioqueña donde supuestamente apareció (en algunas comunidades anglófonas circula también como Valdivia sphere). Según el relato, William Zúñiga la localizó tras una peligrosa expedición y David Vélez, conocido como «El Potro», financió su recuperación. La historia incluía territorio controlado por guerrilleros, controles militares y un traslado secreto hasta México. Porque si uno va a presentar una bola metálica como posible artefacto extraterrestre, nunca sobra un poco de película de aventuras.

Vélez añadió después un detalle todavía más extraordinario. Aseguró que ya había abierto la esfera en Colombia con ayuda de expertos, que había encontrado otra esfera más pequeña y materiales sorprendentes, y que consiguió volver a cerrarla. También afirmó que un polvo del interior le produjo daños en los ojos. Son declaraciones graves, pero no se ha mostrado públicamente un informe médico ni un análisis químico que permita comprobarlas. Otra participante llegó a describir un «motor» minimalista, brillante como el oro y relacionado con una tecnología espiritual. La descripción tenía de todo, salvo imágenes claras del supuesto mecanismo.

Jaime Maussan presentó inicialmente la nueva esfera como una posible compañera de la de Buga.

Se encuentra una 2.ª esfera en Colombia. La Esfera de Las Baldías

Entonces llegó Mark Sokol, fundador de Falcon Space, un grupo que experimenta con propulsión exótica e ingeniería inversa de ovnis. Conviene precisar el contexto: Sokol no representa a una universidad ni a un laboratorio nacional, y Falcon Space sostiene ideas bastante alejadas del consenso científico. Su aportación en este episodio no vale por el prestigio de una bata blanca, sino porque realizó y grabó una prueba física que cualquiera puede entender.

El 28 de mayo, Falcon Space publicó en X que se le había permitido perforar la esfera nueva e introducir una cámara articulada.

El procedimiento puede verse con más contexto en el vídeo de Buster’s Mind «INCREÍBLE: Abren la OVNI ESFERA». La broca atravesó el metal, produjo virutas y no desencadenó incendios, campos de fuerza ni una llamada de auxilio a Zeta Reticuli. Dentro tampoco apareció el motor dorado prometido. La cámara mostró cavidades simples, superficies irregulares y material aplicado de forma rudimentaria, compatible a simple vista con una resina industrial.

El resultado contradice de manera directa las historias contadas sobre la esfera de Las Baldías. No hace falta saber de propulsión interestelar para comprender que una cavidad chapucera con restos de resina no es el dispositivo extraordinario descrito antes de abrirla. Sokol la calificó como una falsificación y habló de aluminio de fundición y epoxi. Ahora bien, tampoco conviene sustituir una exageración por otra: no se ha publicado un informe con espectrometría, metalografía o análisis químico de las virutas. «Aluminio» y «epoxi» son identificaciones visuales preliminares, no una caracterización forense completa. Lo que sí está documentado es que la construcción visible resulta ordinaria y no coincide con el relato.

La reacción de Maussan es casi tan interesante como el interior de la esfera. Después de promocionarla, declaró que las inconsistencias encontradas llevaban a considerar que no era legítima y que no había volado. De pronto, la posible hermana de la esfera de Buga se convirtió en la impostora de la familia. La maniobra es conocida: cuando una parte del relato se vuelve insostenible, se separa rápidamente para proteger el resto. La esfera «mala» queda descartada y la esfera «buena» conserva intacto su misterio.

Aquí toca marcar un límite importante. La esfera perforada fue la de Las Baldías, no la esfera original de Buga. La apertura de una no certifica automáticamente que la otra sea falsa, ni demuestra que ambas tengan el mismo fabricante. Algunas noticias han corrido demasiado al anunciar que una inspección interna había resuelto todo el caso, cuando en realidad solo se abrió el objeto nuevo. Una conclusión escéptica también debe respetar lo que la evidencia permite afirmar.

Eso no significa que la esfera de Buga salga bien parada. Sokol pudo observar las dos por fuera y señaló parecidos notables: aspecto de aluminio fundido, picaduras, irregularidades y agujeros mal distribuidos con rellenos parecidos a resina epóxica. En las imágenes, algunos orificios parecen incluso haber recibido dos intentos de perforación. Son características bastante humanas para un artefacto supuestamente capaz de desafiar nuestra comprensión de la física. En Metabunk también han analizado estas semejanzas y, con buen criterio, advierten de que Falcon Space no ha presentado un estudio instrumental de los materiales.

La esfera original ya acumulaba problemas antes de que apareciera su hermana. Como conté en mi análisis de 2025, los vídeos de su supuesto vuelo eran fragmentarios, las cifras sobre su peso cambiaban, las propiedades térmicas desafiaban más a la coherencia del relato que a la termodinámica y las pruebas anunciadas nunca se transformaron en un informe independiente y reproducible. Un año después seguimos sin una cadena de custodia pública, sin un protocolo de muestreo transparente y sin resultados revisados por especialistas ajenos al círculo de sus promotores.

La inspección de Las Baldías no es un estudio científico perfecto, pero sí proporciona una lección útil. Durante semanas, aquella esfera pudo alojar motores espirituales, sustancias peligrosas y tecnología imposible porque nadie veía su interior. En cuanto la afirmación extraordinaria pasó del relato al contacto físico, un taladro y una cámara bastaron para que toda esa maquinaria desapareciera. El misterio sobrevivía mejor con la tapa puesta.

La carga de la prueba continúa donde siempre estuvo: en quienes sostienen que estos objetos no son humanos. Puede que la esfera original de Buga sea diferente, pero las semejanzas externas con una imitación demostrada y la resistencia a someterla a una prueba equivalente no juegan precisamente a su favor. Si algún día permiten estudiarla de forma independiente, con muestras controladas y resultados públicos, habrá algo que discutir. Hasta entonces, la única esfera que ha soportado una inspección invasiva no ha revelado tecnología extraterrestre. Ha revelado lo fácil que es fabricar una historia extraordinaria alrededor de una bola cerrada.



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