Colossal Biosciences: jugando a ser Dios

«Jugando a ser Dios» es probablemente la mejor manera de describir la osada misión que se ha propuesto la empresa Colossal Biosciences: nada menos que revivir especies extintas.

Todo comenzó en un laboratorio de Harvard donde el prominente genetista George Church fantaseaba sobre traer mamuts lanudos de vuelta a la vida. Su interlocutor, el emprendedor texano Ben Lamm, quedó cautivado con la idea. ¿Y si esto fuera posible mediante avances en ingeniería genética como CRISPR?

CRISPR es uno de los avances más prometedores e inquietantes de la ingeniería genética moderna. Se trata de una tecnología de edición de genes que permite realizar modificaciones específicas en el ADN de los organismos con una precisión sin precedentes.

Utilizando una proteína denominada Cas9, el sistema CRISPR puede cortar el ADN en sitios predeterminados para luego reemplazar genes enteros o corregir mutaciones simples.

Con el entusiasmo y optimismo típico de Silicon Valley, Church y Lamm fundaron en 2021 Colossal Biosciences, dejando sus respectivas carreras para dedicarse exclusivamente a concretar esta futurista visión. Su objetivo no sólo eran los mamuts lanudos, sino también el tigre de Tasmania, la paloma migratoria e incluso el dodo.

Según la información disponible, la empresa Colossal Biosciences ha obtenido hasta el momento 15 millones de dólares de financiación de Breyer Capital, la firma de capital de riesgo del influyente inversor Jim Breyer. También han colaborado otras firmas como Braintree Founders, Refactor Capital, Bold Capital Partners. Adicionalmente,  planean comenzar pronto una nueva ronda de recaudación por varias decenas de millones de dólares más.

Llamadme mal pensado, pero en este punto se me están pasando por la cabeza otros grandes proyectos, inalcanzables diría yo, que también empezaron con una importante campaña de publicidad para recaudar impuestos, y se quedaron ahí: en la recaudación.

La comunidad científica no ha recibido estos bombásticos anuncios con gran fervor. Los críticos apuntan que la compleja tecnología requerida para «resucitar» especies está lejos de estar lista, por lo que la empresa podría estar inflando sus capacidades para atraer más inversiones. Los millones de fondos de capital de riesgo que vienen acumulando contrastan con la falta de resultados tangibles.

Igual de serios son los cuestionamientos éticos: ¿es responsable traer de regreso a la vida formas de la naturaleza que hace miles de años se extinguieron? Más allá de los impactos desconocidos sobre ecosistemas frágiles o la crueldad hacia las nuevas crías con genomas artificiales, muchos argumentan que semejantes recursos serían mejor enfocados en la conservación de especies aún existentes.

De lograr ‘resucitar’ mamuts,  ¿por qué no tratar de revivir dinosaurios, al más puro estilo Jurassic Park? O subiendo la apuesta, ¿por qué no revivir al Australopithecus? En ciencia, jugar precipitadamente a ser Dios puede tener nefastas consecuencias imposibles de predecir.

  • Es fascinante, en realidad no se juega a ser dios, dios no existe. Todo cuanto apuntas es muy acertado; es obvio (una vez más), que esto es capitalismo en acción, no hay que despreciar cualquier via que conduzca a un posible beneficio, el único limite es la capacidad humana para imaginar y hacer. Los límites morales y/o éticos, pues ya tal. Nadie ha hecho nada por evitar el desarrollo de instrumentos destructivos y letales, nadie lo hará si de crear se trata.

  • Revivirlas ¿para qué? Los ecosistemas en los que vivían muchas de ellas ya han desaparecido, como muchas de las especies con las que convivieron. Sin adultos que las críen, no sabrán como comportarse. Se comportarán en función de como las críen sus creadores. No serán animales auténticos, serán como robots sin alma. Repito, ¿para qué? ¿Para convertirlos en carísimas mascotas? ¿O para montar con ellos un parque temático, algo como Extincionlandia?



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