
Durante años, si mencionabas la teoría del Gran Reemplazo en una conversación, lo más probable es que te llamaran conspiranoico, xenófobo o directamente racista. La narrativa oficial era clara: no existe ningún plan para cambiar la composición demográfica de Europa, eso son paranoias de la ultraderecha, y cualquiera que lo sugiera está difundiendo teorías de la conspiración peligrosas. Pero entonces llegó Irene Montero a un mitin en enero de 2026 y dijo literalmente que necesitaban un «reemplazo de fachas», que la población inmigrante debería «no dejarnos solos con tanto facha», y que apostaba por «barrer de fachas y racistas este país con gente migrante y trabajadora». Es decir, confirmó exactamente lo que Marine Le Pen, Viktor Orbán y Vox llevan años advirtiendo que estaba pasando.
Más »